menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Azorín: vida de un grafómano

30 0
24.02.2026

Nombre de usuario o dirección de correo

Con ocasión del cincuentenario de la muerte de Azorín, escribía José-Carlos Mainer, en un texto recopilado recientemente en el volumen Del siglo pasado (Notas de lectura) –publicado por Prensas de la Universidad de Zaragoza–, que quizá haya llegado ya la hora de reconocer a este autor “un legado intelectual y estético de primerísimo orden en las letras del siglo XX”. Aseguraba Mainer que Azorín destacó, entre otros elementos, por haber sido, en buena medida, el creador de la literatura y del paisaje españoles como referencias emocionales del pasado, por su refinada prosa y la fusión genérica, y, asimismo, por su condición de profesional de la escritura con clara conciencia de serlo. Un lustro después, bien cumplido ya el 150 aniversario de su nacimiento, ha visto la luz una interesante biografía de Azorín, obra de Francisco Fuster, que con anterioridad había emprendido ya estudios de la vida y obra de otros literatos españoles como Pío Baroja –muy especialmente de su etapa de parisino exilio– o Julio Camba. Al interrogarse sobre el interés y atractivo actual de un libro de este tipo sobre Azorín, el autor subraya tres aspectos: una producción descomunal, con más de cien volúmenes entre 1900 y 1960 y unos 5.500 artículos periodísticos; una de las obras más originales de la literatura española novecentista, y, por último, una excelsa concertación de lo clásico y lo moderno. Precisamente a esta última razón alude el título de la biografía de Azorín que ha elaborado Fuster, al tiempo que homenajea el de un libro de referencia del escritor alicantino: Clásicos y modernos.

Fue Azorín un grafómano, un escritor compulsivo. Recuerda, en muchos rasgos, a otro febril devorador de cuartillas como Josep Pla y su diabólica manía de escribir, como bien apuntó su biógrafo Xavier Pla. La escritura era, como para el autor catalán –o bien para Benito Pérez Galdós o para Pío Baroja–, una forma de vida o, más concretamente todavía, la vida misma. La siguiente confesión de Azorín resulta altamente significativa en su belleza: “He escrito en muchos sitios a lo largo de mi vida: en Monóvar, nativo pueblo; en Madrid, en San Sebastián, en París. No sé dónde he escrito con más fervor, con más verdad, con más entusiasmo. He escrito en cuartillas anchas y amarillentas, en cuartillas chicas y blancas. He escrito en un cuartito de estudiante, en la mesa de una redacción, en........

© Letras Libres