Lecciones de “La Odisea” para empresarios
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Hay una escena que resume la verdadera grandeza de La Odisea de Christopher Nolan. No ocurre durante la guerra de Troya. No aparece en medio de una batalla ni en alguno de los impresionantes despliegues visuales filmados en IMAX que han fascinado a la crítica. Tampoco depende de los cíclopes, las sirenas o los monstruos marinos que Homero convirtió en símbolos de los peligros del viaje.
La escena más importante ocurre cuando comprendemos que la guerra ya terminó. Troya ha caído. Odiseo ha ganado. Y, sin embargo, la verdadera historia apenas comienza.
Muchos críticos han observado que Nolan no filmó simplemente una epopeya clásica. Filmó una reflexión sobre el regreso, la memoria, el trauma y la reconstrucción de la identidad después de la victoria. Algunos incluso sostienen que la película habla menos de héroes que de seres humanos obligados a descubrir quiénes son después de haber sobrevivido a la guerra.
Creo que allí reside también una de las lecciones más profundas para el mundo de los negocios. Durante décadas, las escuelas de administración enseñaron que el mayor desafío de una empresa consistía en conquistar un mercado: ganar participación, derrotar a los competidores, lanzar antes que nadie un nuevo producto. La estrategia era entendida como el arte de la conquista.
La Odisea propone una idea mucho más difícil. El verdadero desafío no consiste en conquistar Troya: consiste en regresar a Ítaca. Y pocas organizaciones saben hacerlo.
La historia empresarial está llena de vencedores que terminaron derrotados. Kodak inventó la cámara digital. Nokia dominó durante años el mercado mundial de teléfonos móviles. BlackBerry transformó la comunicación móvil. Blockbuster era prácticamente sinónimo del entretenimiento en casa. General Electric fue considerada durante décadas la empresa mejor administrada del mundo.
Todas habían conquistado Troya. Ninguna encontró el camino de regreso a Ítaca. ¿Por qué? La explicación habitual es que no supieron adaptarse al cambio tecnológico. Creo que esa respuesta es insuficiente. Su problema no fue la tecnología. Fue el éxito. Toda victoria transforma a quien la obtiene.
Después del éxito aparecen enemigos invisibles: la autosatisfacción, la ilusión de invulnerabilidad, la burocracia, la arrogancia y la incapacidad para cuestionar el modelo que nos condujo hasta allí. Las empresas suelen prepararse para competir; muy pocas se preparan para........
