Los aliados que Palacio desprecia en la guerra contra el CJNG
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La caída de una pieza mayor en el tablero del crimen organizado disparó un relato que pone énfasis en la precisión quirúrgica y el triunfo del Estado mexicano. Con los incentivos correctos, parece que el Estado se asoma. No solo demostró que pudo golpear a Nemesio Oseguera en Jalisco, sino que puede operar –lento y famélico, pero puede– en las otras 19 entidades de la República donde los criminales decidieron aterrorizar a la población. Pero hay que hacer una precisión: en esos lugares, el ciudadano de a pie no buscaba (y no vio) la sombra de la Guardia Nacional o los tanques del Ejército, sino las luces de la patrulla municipal, los cuerpos de protección civil y la voz del alcalde en la radio local.
La teoría política clásica sostiene que el Estado justifica su existencia al monopolizar la fuerza para garantizar la seguridad mínima. En la práctica mexicana, eso es un simulacro. Tanto el Ejército como la Guardia Nacional, por diseño y mando, operan bajo la lógica........
