La administración de un desastre en tiempos de tormenta
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Claudia Sheinbaum inició su sexenio en condiciones inmejorables: tenía una legitimidad y un capital político envidiables por haber ganado la elección con 60% de los votos; gozaba de todo el respaldo de López Obrador y su enorme popularidad; disponía de un poder inigualable al de ningún otro presidente en la historia del país (los poderes Legislativo y Judicial sometido; mayorías calificadas en ambas cámaras para modificar la Constitución a su antojo; desaparición de los principales contrapesos políticos; una oposición irrelevante) y tenía fama de ser una política seria, con buena formación académica.
Poseía todo para construir un extraordinario “segundo piso” de la 4T. Lástima que no hubiese diseño de tal proyecto y, aunque lo hubiera habido, su gobierno, quince meses después, no tiene un perfil definido. A partir de mayo del año pasado, la sucesión ininterrumpida de acontecimientos violentos, escándalos de corrupción y vínculos de Morena con el crimen organizado, tragedias naturales, amenazas y presiones de E.U., malas noticias económicas, movilizaciones de protesta contra diversas políticas gubernamentales han generado la percepción de un gobierno acosado, meramente reactivo a la coyuntura, sin una agenda propia ni un plan o estrategia general de gobierno.
Claudia Sheinbaum está entrampada en un campo minado, sembrado desde dentro y fuera del país. Desde dentro, por el desastre heredado de AMLO, quien no solo no construyó el primer piso, sino que se dedicó a destruir hasta los cimientos que encontró. Desde fuera, por la segunda presidencia de Trump con su agresiva política antimexicana. Su gobierno se convirtió casi por completo en un cuerpo de bomberos con escasa preparación y mal equipado para apagar fuegos que le han surgido por todo el país. Un recuento de los eventos vinculados con la herencia de su antecesor que le han marcado la pauta a su gobierno permite confirmar lo anterior.
No es necesario abundar mucho en los hechos y datos; todos bastante conocidos, bastará una breve recuperación ordenada para dimensionar la magnitud del desastre heredado.
Economía
Seguridad
El legado de López Obrador en seguridad es quizá más terrible. Aunque mucho se ha escrito sobre las graves consecuencias de la estrategia de “abrazos y no balazos”, es importante no olvidarlas, pues se trata de cientos de miles de vidas perdidas (asesinadas y desaparecidas), de tragedias familiares, de patrimonios perdidos, del miedo instalado en la vida cotidiana, de la indefensión permanente de los ciudadanos frente al poder de la violencia de psicópatas y sociópatas protegidos por la avaricia política y económica de una nueva clase gobernante, soberbia y déspota.
La herencia que se puede medir es atroz: según las cuentas del INEGI, poco más de 208 mil mexicanos asesinados oficialmente (hay otros miles escondidos en la categoría que manejan las fiscalías estatales bojo el rubro de “otros delitos que atentan contra la vida”) y más de 55 mil desaparecidos.
La que es difícil cuantificar son los fenómenos cualitativos:
Política
El principal legado político de AMLO fue la transformación del régimen, cuyo nuevo y único objetivo es concentrar poder en el Ejecutivo sin contrapesos para posibilitar la perpetuación de la 4T. Ello le implicó a Claudia Sheinbaum no solo terminar los cambios en proceso, sino también compartir el mando del país con su antecesor y tratar con las consecuencias.
Política social
Por si la economía estancada, las finanzas públicas sostenidas con alfileres, el campo en crisis, la seguridad descontrolada, las gobernanzas criminales creciendo y el dueto corrupción-impunidad viviendo una época dorada fueran poca cosa, el soporte institucional de la política social (reducida a las transferencias monetarias) –especialmente la de salud y educación– que recibió Claudia Sheinbaum requiere de atención urgente.
Este recuento no exhaustivo de la herencia de López Obrador (faltan lo relativo a la política exterior, medio ambiente, ciencia y tecnología, cultura, infraestructura básica) permite apuntar tres significados de la acción de gobierno durante 2025, construidos a partir de los hechos objetivos, innegables incluso por los defensores de la 4T: las estadísticas económicas y de seguridad; las investigaciones de la FGR sobre el huachicol fiscal; las farmacias vacías; los casos reportados de sarampión; los testimonios en las redes sociales de los lujos de los morenistas, los contratos de asignación directa a empresas de parientes y amigos, etc. Esa mirada detallada arroja por lo menos tres significados y sus implicaciones para la gobernabilidad.
La herencia de AMLO devastó al país y lo dejó en una ruta muy peligrosa, pues no solo no resolvió los principales problemas (de hecho los agravó), sino que destruyó muchas de las capacidades del Estado para enfrentarlos con eficacia, producto de la destrucción de instituciones, de la cancelación de políticas y programas y su sustitución por políticas equivocadas fundadas en ideología y hasta en caprichos personales; por la pérdida de capital humano calificado en las tareas de gobierno y por el uso, abuso y despilfarro en el manejo de la hacienda pública. Es por eso que el gobierno de Sheinbaum no se trata de........
