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Una leche voladora

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29.01.2026

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Recuérdame

Entre 1950 y 1965 la mamá fue una explosión demográfica de una sola persona: parió seis hembras y cuatro varones. Su habilidad para dar a luz era a tal grado perita que en dos ocasiones supo dar a luz dos veces en el mismo año: en enero y en diciembre. Alguien opinó que cuando la mamá salía del hospital luego de tener un bebé, ya iba embarazada del siguiente. Con un gesto coqueto, autoexculpatorio, la mamá solía decir: “Es que cuando estaba embarazada me sentía muy contenta.” Menos mal.

Yo, que fui el obviamente primogénito, me pasé los primeros quince años de vida azorado ante esa fertilidad incontinente. Y también mirando a los sucesivos contenidos de esa incontinencia, cada tantos meses, apoderarse de la tribuna y exigir respeto a sus derechos humanos. Quince años de observar a esa mamá siempre voluminosa, siempre viva por partida doble, en trance de preñez, de parición o de lactancia. Su precioso rostro, siempre sostenido por el pedestal adventicio de la gravidez, el vientre y las mamas henchidas; siempre la mamá, arrojando criaturas a diestra y siniestra, como una diosa mesopotámica elemental.

Cada tantos meses, cuando llegaba un nuevo alumbramiento, se me exiliaba a la........

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