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El Madrid de los Austrias y la élite jurídica

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06.07.2026

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“La capital del Estado es la villa de Madrid”, reza el artículo 5 de nuestra Constitución de 1978. Una capitalidad que, con algunos interregnos, se remontaría a 1561, cuando el rey Felipe II fijó en esta ciudad la corte. La consecuencia normativa de que la Constitución haya afirmado la condición de Madrid como “capital del Estado” es que, a priori, en ella deberán localizarse las instituciones más relevantes del país. Aun así, en mi opinión, siempre que se respete un núcleo institucional con sede en la capital (diría que la Jefatura del Estado, el Gobierno y el Congreso de los Diputados), resulta legítimo y coherente con un sentido federal deslocalizar otras instituciones. Algo que llevaría, además, a dar una mayor presencia al Estado en todo el territorio nacional, que bastante necesitado está. Precisamente estas razones, entre otras, nos llevaron hace unos años a proponer el traslado del Tribunal Constitucional a Cádiz (aquí).

Adicionalmente, esta capitalidad ha tenido, a mi entender, un efecto que en cierto modo condiciona cómo “pensamos” nuestro país institucionalmente: la concentración en la villa y corte de Madrid de la élite jurídica patria. Sabemos que en España las autonomías no han logrado que se instaure una auténtica cultura federal, sino que, en el mejor de los casos, se ha consolidado nuestro tradicional provincianismo –ahora con nuestras taifas autonómicas y sus élites locales–, y luego, si uno quiere atender a cuestiones de Estado, entonces le toca acudir a la capital del Reino. Es cierto que los avances de las comunicaciones y el teletrabajo, con muchas dificultades, a algunos (nos) permiten hacer el pendolare. Pero la verdad es que, para hacer carrera de Estado, hay que radicarse en Madrid. Y, en concreto, en lo que vengo llamando el “Madrid de los Austrias” y sus ramificaciones. Con epicentro en la plaza de la Villa, se extendería hacia la plaza de la Marina Española, llegaría hasta la Carrera de San Jerónimo y, pasando por la calle Marqués de Cubas, permitiría alcanzar el antiguo Convento de las Salesas Reales; con enclaves en el lejano Doménico Scarlatti o en Castellana.

El Madrid de los Austrias

Es en ese entorno donde se afinca una nobleza de toga que constituye un importante segmento de nuestra élite jurídica; en este caso, la jurídico-institucional, que integraría tanto las altas magistraturas judiciales de nuestro país como importantes puestos auxiliares en los principales órganos constitucionales (pienso, en especial, en sus prestigiosos cuerpos de letrados).

Este hecho en sí mismo no lo considero negativo. Personalmente, tengo una fuerte influencia orteguiana que me mueve a reconocer la importancia que tienen en una sociedad las élites o minorías selectas. Más aún en estos tiempos donde campa no ya la mediocridad, sino directamente la chabacanería corrupta. Por ello, no me es difícil predicar cuán necesario es que existan personas que brillen por su excelencia y compromiso, sirviendo de referentes a la sociedad en los distintos ámbitos. Y, en lo que se refiere a ese espacio jurídico, en nuestro país hemos disfrutado de una élite sobresaliente.

Ahora bien, al mismo tiempo, en una sociedad abierta como aspira a ser la........

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