“Corremos el riesgo de perder el país”. Entrevista a Edgar Angulo Rosas
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En los últimos días de diciembre pasado, como si quisiera esconderla, el gobierno federal presentó la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas y Alcohol 2025. Los resultados de este ejercicio sorprendieron, por engañosos, a los profesionales de la salud. López Obrador, durante los seis años de su sexenio, se negó a levantar este sondeo. El gobierno de Sheinbaum tardó un año en presentarlo, con resultados dudosos. Si no contamos con un buen diagnóstico no podremos atender el problema que enfrentamos. México ha dejado de ser un país de tránsito de drogas y se ha convertido en un país de consumo de drogas de alta peligrosidad. Conversamos con Edgar Angulo Rosas, psicólogo clínico y experto en adicciones, con amplia experiencia en prevención y atención a violencias, adicciones, salud mental y derechos humanos, sobre qué podemos hacer como sociedad, como maestros y como padres.
Desde hace años somos testigos de la violencia de manera directa o a través de los medios de comunicación. ¿Cómo repercute esto en la salud mental de los mexicanos?
Hemos perdido la capacidad de asombro ante la tragedia. Ya nada nos sorprende, ninguna noticia nos conmueve. Vemos en las noticias descabezados, atentados, coches bomba, detención violenta de capos. Las familias corren peligro en cualquier parte del país. Esto provoca una sensación de desamparo. No vemos que pueda haber una salida próxima a la situación que vivimos. Nos refugiamos en la seguridad de la casa, la escuela y nuestro trabajo, pero esta situación repercute en los jóvenes y en los niños de diferente manera. Si se instala el desamparo en sus mentes, si piensan que no existe la posibilidad de vivir en una realidad mejor, entonces el crimen organizado se presenta como una alternativa. La cooptación de los jóvenes por el crimen organizado es algo muy preocupante. Hay niños que trabajan de “halcones”. Adolescentes que deberían de estar experimentando sus primeros enamoramientos y en vez de eso están al servicio de grupos criminales. Si creemos que esto no pasa en las grandes ciudades estamos en un error. En la Ciudad de México operan grupos locales muy violetos como La Unión Tepito, que están atemorizando y controlando la vida social de las familias y las personas. En un futuro, la generación actual de jóvenes va a ser una llena de angustia y depresión.
¿Qué podemos hacer como individuos y sociedad para modificar esta situación? La indiferencia no es una salida, pero es muy difícil incidir en las políticas públicas.
La sociedad se ha refugiado en algunas conductas de riesgo que en lugar de ayudar a solventar la ansiedad que nos produce la situación actual la estimulan. Los jóvenes, y no solo ellos, están recurriendo al vapeo, al alcohol y las drogas como medios en los que encuentran una salida al estrés que experimentan. Hace algunos años, cuando en una colonia ocurría una tragedia, provocaba una movilización social. Si, por ejemplo, atropellaban a alguien, las familias, los vecinos, actuaban, había alguien que cubría con una sábana, otro ponía una veladora, otros más consolaban a la familia afectada, llamaban a los servicios de emergencia. Eso es algo que ya no ocurre. La situación que se vive se ha transformado. Ahora se desconfía de los vecinos, ya no se sabe en qué circunstancia se puede hablar o no hablar, lo que provoca soledad y angustia.
Necesitamos reconstruir el tejido social, la pregunta es cómo lo podemos hacer ante la indiferencia del gobierno. La salida está en la participación democrática, en el diálogo entre las familias, en escuelas que alejen a los menores de los riesgos. Necesitamos nuevos pactos sociales en los edificios, en las colonias, que no se toleren las conductas de riesgo, que se vayan ganando poco a poco pequeños territorios seguros. En México los servicios de salud mental están sobrepasados. No hay suficientes profesionales que puedan atender la demanda que se requiere. No contamos con programas gubernamentales que estén atendiendo de forma efectiva los problemas actuales de la juventud. Hay líneas de ayuda, hay centros de atención a adicciones, pero el Estado está rebasado. ¿Qué apoyo ofrece el gobierno? Existe un gran número de personas que están excluidas de los servicios de salud mental. El covid dejó a miles de niños en la orfandad. Ni siquiera se les pudo dar una ritual fúnebre a las personas que fallecieron.........
