El cosmos inagotable de John Coltrane
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Para Lily, quien me arrojó de nuevo al océano del jazz
Somos cinco en total –tres hombres y dos mujeres– y tenemos los ojos cubiertos. Estamos en Shhh!, una sala de escucha en la colonia Condesa de la Ciudad de México. Es el domingo 20 de septiembre de 2026 por la mañana, tres días antes del centenario de John Coltrane. Soy el más viejo; los otros son veinteañeros, a lo sumo treintañeros. Nos recetamos, a ciegas, sin hacer ruido, una decena de pistas en las que participó Coltrane, grabadas y publicadas entre 1957 y 1964. No quiero sonar presuntuoso, pero he escuchado esas piezas decenas de veces; sin embargo, al suprimir toda distracción –tragos, apuntes, celular, charla– y abstraerme con la mejor tecnología de audición, se me revelan detalles de los que no era consciente, casi como si les hubieran quitado un velo que me impedía escucharlos al cien por ciento. Gracias a este redescubrimiento de “Blue train”, “Milestones”, “So what”, “Giant steps”, “Naima”, “My favorite things” y “A love supreme, Pt. 1 – Acknowledgment” –que recomiendo como itinerario para adentrarse en el cosmos Coltrane– renuevo mis votos por su contribución al torrente universal de la música.
Este año hemos conmemorado el centenario de Miles Davis y John Coltrane, faros indiscutibles del jazz, poderosa invención de la modernidad y fruto del siempre conflictivo melting pot estadounidense. Mi yo más optimista me sugiere que esos otros cuatro escuchas vivieron una epifanía tanto o más poderosa y significativa que la mía. A pesar de una temprana muerte a los cuarenta años de edad, Coltrane sigue siendo un cosmos inagotable y una enciclopedia con millones de páginas. No me fatigaré intentando sonsacar a los jóvenes melómanos para que se aventuren por su mundo, rico en ejemplos persuasivos (piezas rotundas, obras completas).
Como historia de vida, la del saxofonista es de las que ahora se adjetivan como inspiradoras. Sureño de clase trabajadora (Hamlet, Carolina del Norte, 1926), Coltrane pierde a sus padres a los doce años y emigra a Filadelfia. Su tránsito por la Marina le permite estudiar música. Dedicación, práctica y disciplina lo llevan eventualmente a incorporarse a la big band del trompetista Dizzy Gillespie, uno de los grandes de la música sincopada. Su adicción a la heroína provoca su despido. Logra enrolarse en la agrupación de Miles Davis, quien ya ha dejado atrás........
