¿Qué es el NatGen? El naturalismo genérico explicado a los valones (breve introducción flamenca)
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Il s’agit d’être amusant en parlant de l’ennui, instructif en parlant du rien.
Charles Baudelaire, Pauvre Belgique
Ya que estamos en Bélgica, no nos olvidemos de René Magritte. Esto, por supuesto, no es un abstract. Si lo fuese, respondería brevemente a la pregunta que da título a esta charla, ¿qué es el naturalismo genérico?, diciendo que es un sistema filosófico para el cual la naturaleza no es lo generado sino lo generante. Si esto fuese un abstract, tendría que explicar cómo los conceptos y lexemas constitutivos de este sistema reaparecen y cambian para cada campo filosófico (la generosidad, en ética; las generaciones, en política; lo genial, en estética; las generalizaciones, en epistemología). Pero esto no es un abstract. Si no, debería adelantar que esta charla consta de cuatro partes: 1) una metaintroducción (una introducción a la idea de introducirse en filosofía); 2) un resumen, ya que estamos en un congreso académico con doctorandos principalmente provenientes del Benelux, de mi vagabundo itinerario filosófico, desde mi doctorado sobre el “realismo poscontinental” hasta la formulación o revelación (no bromeo) de este sistema; 3) una definición del NatGen frente a otros naturalismos recientemente en boga; y 4) una confesión, ya que estamos donde y con quien estamos, de la influencia filosófica beneluxa fundamental (¿quién?, es un secreto), sin la cual no se entiende ni el contenido ni, sobre todo, el nombre de dicho sistema. Por suerte, esto no es un abstract.
§ I. El papelón policiaco
A pesar de nuestro absurdo amor por las abstracciones, no conozco a ningún filósofo vivo que no deteste visceralmente los abstracts. La nuestra es la disciplina académica que más razones tiene para resistirse, como gato panza arriba, a la actual reducción de los textos universitarios a puros papers. En matemáticas, en química y en economía, y hasta puede que en historia del arte y en filología hebrea, quizá tenga sentido ese género literario tan pautado, manido y estrecho como un soneto. Al igual que en los sonetos, en los papers nos enfrentamos a una estructura tan eficaz como inamovible; una vez dadas las dos primeras líneas, ya sabemos cómo sonará el resto de la composición; podemos prever, en todo caso, alguna sorpresa hacia el final, en marcado contraste con la necesaria monotonía previa. Al igual que en los sonetos, lo crucial de los papers se da al inicio y al cierre, siendo lo de en medio más bien paja: datos, citas, ejemplos, experimentos, encabalgamientos, rimas forzadas…
Ya que estamos en Lieja, ojalá no suene demasiado oportunista y demagógico si digo que la escritura filosófica –o al menos la mía, tal y como ahora la escribo y luego la leeré en voz alta– es más afín a cierto género policiaco. Y no tengo en mente esos rompecabezas criminológicos que originalmente fueron –y, en parte, aún hoy son– las novelas de detectives británicas, donde la influencia antifilosófica del nominalismo, el empirismo y el positivismo reduce la trama al crudo esqueleto del whodunit (¿quién lo hizo?). Tengo en mente novelas negras, duras y bien cocidas –eso significa hard-boiled, ¿no?– como las escritas a todo tren por Georges Simenon, nacido en esta ciudad hace ciento y pico años.1
Si he de elegir un género literario afín a la filosofía, o al menos a la mía, afín al naturalismo genérico, qué mejor que esas novelas en las que aparentemente no pasa nada, lo opuesto al hard-boiled, en realidad: novelas psicológicas y ambientales con inicios y finales sin misterio, donde lo crucial no es resolver la duda individualista de quién lo hizo, sino cómo y por qué se hizo. Si me permiten un consejo, no esperen que la conclusión de esta charla, que no paper, sea una pizca menos dura de lo que ya han leído u oído en su prosaico y decepcionante inicio, que no abstract. Aquí, igual que en Simenon, lo crucial es lo de en medio. Si se marchan de la sala y vuelven dentro de media hora o, más fácil, si pasan páginas en la versión impresa de esta charla –si saltan directamente al último epígrafe buscando desentrañar el secreto de quién lo hizo, quién fue y será, quién es la influencia filosófica beneluxa fundamental para el NatGen–, se llevarán una linda decepción. Aquí, a diferencia de los buenos papers, no hay premisas metodológicas arriesgadas ni conclusiones provisionales rompedoras.
No sé a ustedes. A mí, desde luego, me parece que el pensamiento filosófico se ahoga al verse atrapado por esa férrea estructura sonetística/paperiológica, que no es sino una versión mecánica y fanática del viejo esquema estético prudencial de la presentación, el nudo y el desenlace. En filosofía, igual que en el cine de la nouvelle vague, puede haber presentación, nudo y desenlace, pero no necesariamente en ese orden. Quizá porque es puro nudo, la filosofía se enreda sobre sí misma. Quizá porque toda ella solo sea un método del discurso, que no una metodología, y casi nunca llegue y cierre sobre determinadas conclusiones, y cuando lo haga no las tome por provisionales sino definitivas, sistemáticas y escolares, la filosofía es un verso blanco y libre que no quiere ni puede someterse a ningún patrón de rima o ritmo preestablecido por ninguna academia.
No niego, por descontado, la posibilidad y hasta abundancia de obras maestras en ese soneto de la investigación que es el paper. Al contrario, al ser el género literario más frecuentado, prácticamente el único, el obligatorio desde hace ¿cuánto, medio siglo?, en sus haberes es inevitable hallar las producciones más mediocres y las más excelsas turbiamente mezcladas. A fin de cuentas, un soneto malo lo escribe cualquiera, ya seas Francesco Petrarca o tu sobrino que se ha enamorado de una chica con “mejillas como rosas”, igual que hay abstracts chabola, hay papers barracón, hay journals favela íntegramente edificados a partir de materiales de derribo de la ia, al lado de las catedrales y rascacielos de la filosofía analítica.
Lo crean o no, yo he llorado de emoción al leer algún que otro paper de Derek Parfit, a quien la Stanford encyclopedia of philosophy define ahora como “no-naturalista” (¡cómo pudiste, Derek!). Cuando yo era joven, audaz y predoc como ustedes, queridos colegas beneluxos, pongo la mano en el fuego por que la definición de la sep era distinta. Si no, solo Dios sabe si me hubiese atrevido a hacer mi trabajo final de máster sobre Parfit. Otro pésimo paper, redactado directamente en un inglés tan macarrónico y formalizado que parecía álgebra. El álgebra íntima de un borracho. Para su tranquilidad, les diré que me pusieron un 8 sobre 10.
No me escondo: esta conferencia, que aún dudo si leer en inglés o en francés, la estoy escribiendo ahora mismo en castellano,2 prestando más atención al cómo que al qué. Dejando que el cómo me lleve al qué. Escribiendo en prosa, vaya. Escribiendo a secas, no redactando.
Escribir sin fórmula fija conlleva desventajas e incomodidades parecidas a desarrollar un sistema. Hay que ensayar a la vez el qué y el cómo y olvidarse, hasta donde uno pueda, del quién. No lo recomiendo. Pocos, si no nadie, te entenderán. Y esos pocos te tomarán por un pretencioso. ¿Cómo que no estás especializado en nada? ¿Cómo que no te limitas a abordar pequeños problemas preestablecidos en papers? O, si tienes la mala suerte de no haber nacido para ser una estrella del firmamento analítico, ¿por qué no te limitas a traducir y comentar a un autor o dos del canon? ¿Cómo osas hacer filosofía sustantiva y genérica, filosofía a secas, sin aditivos ni adjetivos, pudiendo hacer doxografía y filología, si fueses continental, o filosofía genitiva:3 de la ciencia, del lenguaje, de la mente…, si analítico?
La ventaja y comodidad de redactar dentro de fórmulas fijas como el paper o el soneto es que, al dar por sentado e inamovible el cómo, permite centrarte en el qué. Claro que cada cómo restringe y potencia solo ciertos qués y no otros. No se puede demostrar una teoría científica en un soneto, igual que no se puede desarrollar un sistema filosófico a base de redactar papers. Y eso que un paper lleva siempre a otro paper, como dicen de las cerezas o dice el famoso dicho de Hobbes: el paper es un paper para el paper. Un paper solo llega a ser el que ya era, un paper solo es plenamente paper, solo se reconoce como paper entre otros papers, sus pares. Los papers son solo para los pares. Por y para los pares se redactan los papers. Los pares los revisan, los corrigen, los publican. Se autocitan los pares en tus papers. Para eso es la revisión por pares, ¿o qué te creías?4
Si, según una célebre definición apócrifa (falta cita), llamamos periodismo a ese pequeño espacio que deja la publicidad en los periódicos, llamemos investigación a ese pequeño espacio que deja la bibliografía en los journals. Al final, como en las novelas policiacas que menos me gustan, todo consistía en constatar quién es quién y quién hizo qué. A quién atacas y a quién apoyas, a quién citas y a quién comentas. Hay un estado de la cuestión, hay una tesis. Hay unos argumentos a favor y en contra. Hay unos experimentos mentales, unos ejemplos empíricos. Hay, en el mejor de los casos, una reducción al absurdo de las alternativas conocidas. Hay una extrapolación de conclusiones a otros casos. Y a menudo hay quien propone un nuevo ismo, que de nuevo solo suele tener sus prefijos, sus adjetivos. Sus colorantes y aditivos. ¿Es el caso del realismo poscontinental y del naturalismo genérico de los que he venido a hablar hoy?
§ II. Nosotros, los ®ealistas
Al haber mencionado que mi tfm versó sobre un analítico como Parfit y que mi tesis doctoral porta ese título tan raro de Realismo poscontinental, muchos de ustedes habrán sospechado que mis desvelos académicos estriban en reunir y reconciliar a las siete tribus de la filosofía. Tender puentes sobre la sima abierta por el siglo pasado entre analíticos y continentales. Nada más lejos de mis intenciones. Aunque en el fondo digan lo mismo, las hostilidades entre ambas facciones se seguirán suscitando mientras haya quien practique aún la filosofía como labor literaria orientada al libro y haya quien exija y eche siempre en falta una claridad paperiológica en los textos ajenos. Huelga decir quién me despierta más simpatías.
No, ese prefijo en todo el adjetivo de Realismo poscontinental no pretendía proponer un plan pánfilo de reconciliación ecuménica, sino dar cuenta de un fracaso. A lo largo de mi doctorado intenté atisbar y capturar puntos en común a seis filósofos recientes, propagandísticamente señalizados y visibilizados por letreros luminosos tan parpadeantes como vacuos, como gaseosos y a la larga apagados y desenchufados por los técnicos que los instalaron en primer lugar. Tal era el caso del “nuevo realismo” de Maurizio Ferraris y Markus Gabriel. Tal, el “realismo especulativo” de Quentin Meillassoux, Ray Brassier, Graham Harman e I. H. Grant. Por aquel entonces, hacia 2018, aún creía en los ismos y en los papers, así que busqué un adjetivo y un prefijo que englobase a esos seis “realistas” (o eso creía entonces). Pero fracasé. En lo único que tuvo éxito mi tesis fue en demostrar que esos seis ¿realistas?, siendo discípulos todos ellos de eminentes filósofos continentales, se revolvieron sin embargo contra el irrealismo posmoderno en que había sucumbido dicha tradición filosófica. De ahí el adjetivo y el prefijo. De ahí poscontinental, bandera blanca de mi fracaso doctoral.
Por más que leía las obras de mis seis ministros-mártires del giro realista, poco más........
