La tristeza de los fundadores
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¿Cómo –se preguntarían– es que, pasados 250 años de la Independencia, nuestros descendientes han elegido a un presidente que se siente rey? ¿Cómo han permitido que se borrase la división de poderes? ¿Cómo han tolerado el sesgo partidario del poder judicial? ¿Cómo no se alarman ante el evidente acoso de la libertad de expresión? Así, pienso yo, se expresarían los Padres fundadores de la Unión americana si abrieran los ojos ante el penoso estado actual de su democracia. Lamentarían todo ello, pero acaso más la evidencia de que Estados Unidos está dejando de ser la tierra prometida de la libertad, la que obedece a sus “ángeles mejores” –en la expresión de Lincoln–, para convertirse en la patria de sus peores instintos: el racismo, el nativismo persecutorio, los incomprensibles pactos con sus enemigos, la imperdonable traición a sus aliados.
Aunque los republicanos han incurrido en todas esas faltas históricas, la responsabilidad no es solo suya. También lo es de los demócratas. Son los demócratas quienes han sucumbido, en buena medida, al perverso infantilismo político de la cultura woke. Para millones de votantes americanos no existe más valor moral objetivo que el que ellos decretan subjetivamente para sí mismos. Siendo muchos de ellos jóvenes universitarios y, por tanto, privilegiados, no sorprende que hayan olvidado las legítimas causas sociales y económicas que ha defendido el Partido........
