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El más joven de todos: Gonzalo Rojas cervantino

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24.01.2026

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Fue en Santiago de Chile en el año de 1938. La voz de Vicente Huidobro resonó en los oídos de un poeta muy joven que acababa de provocar a su maestro. Ese poeta se llamaba Gonzalo Rojas y tenía veintiún años; Huidobro andaba por los 45 cuando se enfrentaron en una escena paradigmática.

Cum subit illius tristissima noctis imago,
quae mihi supremum tempus in urbe fuit,
cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui.
labitur ex oculis nunc quoque gutta meis…1

El desafío poético del aprendiz fue de una saludable, aunque errada, insolencia. Rojas le acababa de echar en cara al creador de Altazor que viviera entre sus admiradores chilenos “pontificando sobre la imagen” y todo lo hubiese aprendido de Pierre Reverdy, olvidado de los grandes clásicos, y en especial de Publio Ovidio Nasón, tan amado por Rojas. Vicente Huidobro le replicó de la mejor manera imaginable: le recitó de memoria el principio del canto tercero del libro primero de Las Tristes, esos versos de bronce que sorprendieron al desafiante.
     Es el lamento del exilio en que Ovidio se duele de su memoria postrera de Roma y llora, a orillas del Mar Negro, su destierro en la lóbrega Tomis. El joven Gonzalo Rojas se quedó callado, derrotado ante su maestro, “y hablamos de otra cosa”. Agrega entonces, con tino generoso: “No he conocido a otro que sembrara más libertad en mi cabeza.” Huidobro le había dado una lección de rigor que el joven de Lebu nunca olvidaría. Con el paso de los años, aprendería lo suyo de exilios e “intraexilios”, como Ovidio mismo. Y pasaría a ocupar con toda naturalidad el lugar que antes ocuparon Huidobro mismo, Pablo de Rokha y Pablo Neruda, entre los chilenos; César Vallejo, José Lezama Lima, César Dávila Andrade y su querido amigo Octavio Paz, entre los........

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