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El Mencho y la muerte de una farsa

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24.02.2026

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Con la muerte del Mencho se consumó la sepultura de la fallida estrategia de los “abrazos no balazos” y de una ilusa narrativa que llamaba a la autocontención de los violentos. Acaso por ello, este contundente golpe de las fuerzas del orden mexicanas parece ser recibido con cierta culpa y vergüenza por una presidenta que prefirió esconder la cabeza en el momento más crítico de su administración.

No hubo grandes mensajes ni simbolismos por parte de Claudia Sheinbaum. Tampoco un anuncio inmediato de certeza y solidaridad con los afectados. No se escuchó una advertencia al resto de criminales para disuadir con el ejemplo del recién caído. Apenas un discurso con tenues reconocimientos.

Es como si hubiera temor a reclamar la victoria conquistada en una guerra que no admiten estar luchando. En el gobierno seguramente entienden que, ante cada acto de contundencia en contra de las organizaciones criminales armadas que operan en México, ante cada muestra de capacidad del Estado, flota una pregunta inevitable: ¿por qué no se hizo lo mismo durante el sexenio pasado? El despliegue de capacidad para acabar con el criminal más buscado del mundo solo exhibe la falta de voluntad que tuvieron las autoridades anteriores.

Hay algo más: con cada acción que han llevado a cabo validan la guerra contra el crimen organizado de la que tanto renegaron, particularmente durante el sexenio de Felipe Calderón, con todo y sus estrategias más recurrentes, como fue el descabezamiento de líderes criminales.

Durante décadas, la izquierda política, activista e intelectual en México hizo de la oposición a la llamada “Guerra contra las drogas” una de sus causas simbólicas. El reclamo común se popularizó en un planteamiento sin rubor: se había agitado el avispero de forma irresponsable al presionar de más a los criminales. Decenas de estudios académicos advirtieron que combatir a los competidores violentos del Estado podía generar más violencia, como si hubieran descubierto que el agua moja al encontrar que el proceso de formación del Estado es uno violento.

Y entonces los gobiernos se vieron desincentivados a........

© Letras Libres