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Un consejito al director de ‘Altas capacidades’

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08.05.2026

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Si todo el mundo hiciera lo que yo digo, el mundo sería un lugar perfecto. Las gentes de internet nos recreamos en esta idea: mágicamente nos llegan breves enunciados que presentan dilemas morales, y acudimos prestos a plasmar en los comentarios leyes irrefutables y válidas en toda ocasión y circunstancia.

Hace poco repetimos un nuevo imperativo categórico a un dilema que enunció por la radio el cineasta Víctor García León. También le dijimos que cómo se atrevía siquiera a plantearlo, ¡menudo sinvergüenza! El dilema, que indicaré más abajo, es la destilación de su última película, Altas capacidades, que sigue las torpes artimañas de unos padres para inscribir a su hijo en un colegio de ricos. Ello desata un choque de clases que conduce no a la abolición del capitalismo, como predijo Marx, sino a retorcernos de risa en la butaca. Con los personajes fuera de su hábitat natural, la hipocresía de las normas sociales nos escupe en la cara, y reímos con gusto su ridículo. Y como los guionistas (el propio García León y Borja Coreaga) tratan con exquisita mala leche a la pareja protagonista, esta produce una vergüenza ajena con la que no podemos evitar reconocernos, y que solo somos capaces de soportar carcajada mediante. Con cada movimiento la pareja cierra sus posibilidades de salir airosa del desastre hacia el que se precipita, y sume al público en una tensión creciente. Dado que la risa es solo un subproducto de la puesta en evidencia de la hipocresía y la vergüenza ajena, diría que Altas capacidades está erróneamente catalogada como comedia: es más bien un thriller.

La película presenta un choque de clases en la mitad superior de la escala social. Los padres quieren sacar a su hijo de un........

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