Solo un chaval con un portátil
Si la historia de mi vida hubiera sido pensada para el celuloide, tengo claro qué canción sonaría al principio: Everytime I Look for You de Blink-182.
Y la escena comenzaría de la forma más cliché posible.
—¿Ves a ese chico con cascos, gafas y subido en un skate? Ese soy yo.
La cámara avanzaría unos metros y se detendría en una chica.
—Y aunque lo parezca, esta no es la típica historia. Yo no consigo a la chica. Para bien o para mal.
Así empezarían mis primeros versos.
Y entonces comenzaría el flashback.
Mi sueño de ser escritor nació mucho antes. Nació siendo una auténtica rata de biblioteca, leyendo todo aquello que caía en mis manos mientras huía de un patio en el que muchas veces me sentía más presa que niño.
Entre libros, películas de superhéroes y una pregunta extraña que no dejaba de rondarme la cabeza:
—Si ellos pueden escribir historias, ¿por qué yo no?
Cuando era niño acompañaba a menudo a mis padres al trabajo. A mi padre, chófer de profesión, y a mi madre, TCAE en el hospital.
Puede parecer algo sencillo, pero aquellas experiencias me permitieron asomarme a mundos muy distintos desde muy pequeño.
Mientras otros niños veían pasar los días sin más, yo observaba conversaciones, silencios, despedidas, reencuentros y preocupaciones que entonces apenas comprendía. Veía personas de todo tipo, cada una cargando con sus propias alegrías y sus propias batallas.
Con el tiempo entendí que aquello me había enseñado algo........
