Cuando aceptar la precariedad se vuelve la norma
El debate sobre la decadencia social suele medirse bajo el pálido prisma de variables macroeconómicas: tasas de inflación, gráficos de empleo o balances fiscales. Sin embargo, el impacto más devastador de una crisis prolongada no es financiero, sino cognitivo. Cuando las deficiencias estructurales se perpetúan, operan como un virus silencioso que desmantela nuestra capacidad de imaginar que el mundo podría organizarse de otra manera. La precariedad normalizada se convierte en una disección del pensamiento.
El primer síntoma de este arraigo es la incautación del futuro. Proyectar a largo plazo requiere certidumbre. Sin ella, se activa un mecanismo de supervivencia que prioriza el rendimiento inmediato. Cuando la vida se reduce a la angustia de llegar a fin de mes o a........
