Asoman ya esas tinieblas
A medida que se aproxima la cita con las urnas, una percepción desasosegante se abre paso en el ánimo colectivo. No se trata del habitual ruido electoral, caracterizado por el intercambio de reproches vacíos y consignas de consumo rápido. Es algo más denso, una corriente de fondo que parece alterar la temperatura misma de nuestra convivencia. Las tinieblas, bajo la forma de una propuesta política radical y reaccionaria, ya no solo asoman en el horizonte normativo como una hipótesis de laboratorio, sino que amenazan con ocupar el centro neurálgico del Estado.
El fenómeno obliga a un ejercicio de lucidez que supere el mero lamento y analice las implicaciones materiales de este giro y las razones de nuestra propia intemperie.
Para calibrar la hondura del abismo que se divisa, conviene desnudarse de prejuicios y desglosar con rigor los dos modelos de sociedad que se miden en esta encrucijada. La propuesta de la extrema derecha no representa una simple alternancia de gobierno, sino una impugnación de los consensos fundacionales sobre los que se ha edificado la modernidad de este país.
En el orden económico, el proyecto reaccionario camina sobre una dualidad peligrosa. Por un lado, se abandera una desregulación fiscal agresiva, prometiendo rebajas impositivas que, bajo el señuelo del alivio general, desarman en realidad la capacidad redistributiva del Estado y benefician de manera desproporcionada a las rentas más altas. Por otro lado, esta asfixia de los ingresos públicos se traduce inevitablemente en el desmantelamiento de los servicios esenciales. La introducción de dinámicas de mercado en la sanidad y la educación (fórmulas como el cheque escolar o la externalización de servicios) no busca la eficiencia, sino la........
