Elogio de la memoria de prestado
Con la inteligencia artificial he adoptado una doctrina unamuniana. En 1906, Unamuno puso en boca de un personaje de su ensayo El pórtico del templo una tesis controvertida: «¡Que inventen ellos!». España no tenía por qué desgastarse en la carrera científica si podía importar los frutos de la técnica ajena. La luz eléctrica, venía a decir, alumbra aquí igual que donde se inventó. Lo nuestro era el espíritu, la mística. En el fondo, Unamuno blandía un orgullo defensivo frente a la soberbia de la Europa industrial. Ese mismo año, Ramón y Cajal ganó el Nobel por sus trabajos sobre las neuronas. Y defendió lo contrario: un país que no investiga se condena a la sumisión. Ciento veinte años después, la guerra en Europa empieza a adoptar formas inimaginables. Ucrania está eliminando centros de datos de Yandex, el Google ruso, en represalia por los ataques del Kremlin a los suyos. Reponer lo destruido puede llevar años, porque las sanciones y la escasez mundial de chips dificultan la llegada de recambios. Rusia hizo los deberes de Cajal, se montó su propio Google, y aun........
