El dolor
Nos hemos empeñado en catalogar la existencia en un binario tan simplista como peligroso: lo que nos hace sonreír es bueno; lo que nos encoge las entrañas, un error del sistema. Y ahí está el dolor, esa alimaña doméstica a la que intentamos desahuciar a base de ibuprofeno, discursos de autoayuda y distracciones digitales de tres segundos. Sin embargo, si examinamos la maquinaria con la mirada limpia de prejuicios, descubriremos que el dolor no es un intruso: es el verdadero arquitecto de nuestra edificación mental.
Hablemos primero de sus virtudes, aunque la palabra suene a provocación. El dolor es, ante todo, un biógrafo incorruptible. No sabe mentir. Cuando apoyamos y........
