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Torrente o Almodóvar: dos Españas

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29.03.2026

Dice Borja Terán, colaborador de Julia Otero, que Torrente iría a El hormiguero y que Almodóvar fue a La resistencia. Es así. Son las dos Españas. Esas que, gracias al extremismo de Pedro Sánchez, que tensa por la izquierda, y de Santiago Abascal, que ahoga por la derecha, no se entienden. Peor. Dos Españas que cada vez tienen menos ganas de hablar o de razonar mínimamente. Solo se dedican a insultarse, con ganas. Es el voto desde la víscera. Esta guerra cinematográfica viene a cuento al coincidir los dos estrenos en la cartelera. No sé cuál de las dos películas es peor. Santiago Segura dedica esta nueva entrega a ridiculizar a todos los partidos, sin excepción. Es especialmente duro con Nox (Vox) y con Pudimos (Podemos).

Los tertulianos salen del cine después de presenciar Torrente, presidente despistados. No se sabe si Segura se carga a Abascal o hunde a la izquierda. Su estrategia de zurrar a diestro y siniestro hace que algunos zurdos piensen que blanquea de alguna manera a Nox (Vox). Lo dudo. No los puede dejar más por los suelos. Pero volviendo a la calidad de esta película, que está arrasando en taquilla, va justita. Es una especie de Aquí no hay quien viva gigantesco. Chistes fáciles o facilísimos. Las bromas y la trama se ven venir de lejos. Lo mejor, la escena en la que resucita para el cine al cancelado Kevin Spacey.

Los exquisitos, que se negarán a ir a Torrente, presidente, alucinarán con el cine de diseño de Almodóvar. O más bien habría que decir «Almodólar». Es un artista que es una empresa inmensa. La película se las trae. Va sobre su ombligo. Una historia dentro de otra y mucha autoficción, que está de moda. La mejor broma, cuando se ríe de sí mismo: «¿Qué es un director de culto? El director de una secta». Buena definición. A veces Almodóvar y su séquito parecen una secta de élite. Si va un intelectual de derechas al programa de Broncano y se pasa media entrevista diciendo que él tiene asistentes para todo y chicas que le cocinan y que no da palo al agua porque es un incapaz, menos para crear, lo ponen a parir a los cinco segundos. Almodóvar puede alardear de su posición, cierto que se la ha ganado, sin que nadie le tosa. Además, se cree en posesión de la verdad cuando salen los grandes temas que domina: la memoria histórica, el no a la guerra, etc.

Lo terrible no es que los dos estrenos defrauden y dejen a medias. Lo duro de comprender es que este país está tan dividido que los de un lado no irán a ver Torrente, presidente, y los del otro se negarán a entregarse a la paleta de colores de Almodóvar. La fotografía sigue siendo excelente. Lógico en un director que domina como nadie las modas y el diseño. Sánchez, en sus vídeos de redes, dirá que hay que ir a ver a Almodóvar sin falta. Pero la «fachavalada», que vota mayoritariamente Vox, no pisará la Amarga Navidad de Almodóvar ni por error. Dos países de espaldas que no quieren mirar ni comprender nada del otro. En efecto, los que ven por las noches El hormiguero de Pablo Motos y los que optan por La revuelta de David Broncano. La división ya existía. Pero los políticos se han encargado de echarle gasolina al fuego. Así nos va. Y si dices que has visto las dos, piensan que estás loco.


© La Voz de Galicia