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Los buques cárcel de De la Espriella: el eterno retorno de la mano dura

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29.08.2026

Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de La Silla Vacía ni de sus aliados.

“¿Qué pasaría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en tu más alta soledad y te dijera: “Esta vida, como la vives ahora y como la has vivido, tendrás que vivirla una vez más e innumerables veces más; y no habrá en ella nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida tendrá que volver a ti, y todo en el mismo orden y secuencia”? […] ¿No te echarías al suelo y crujirías los dientes y maldecirías al demonio que habló así?”. Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia.

“¿Qué pasaría si un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en tu más alta soledad y te dijera: “Esta vida, como la vives ahora y como la has vivido, tendrás que vivirla una vez más e innumerables veces más; y no habrá en ella nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida tendrá que volver a ti, y todo en el mismo orden y secuencia”? […] ¿No te echarías al suelo y crujirías los dientes y maldecirías al demonio que habló así?”.

Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia.

Hay algo profundamente viejo en la imagen que el actual gobierno nos quiso vender como novedad. Veinte hombres rapados, encadenados de pies y manos, uniformados y embarcados en la madrugada del 26 de agosto, todo difundido a través de un video de la Presidencia de la República y con una frase que se anuncia como doctrina: “Fin de las zonas de confort”. La escena se nos presenta como el gesto inaugural de un gobierno que por fin se atreve; y, sin embargo, cualquiera que haya mirado la historia de nuestras cárceles y penitenciarias reconoce de inmediato la escena. No estamos ante una ruptura, sino ante un retorno. Lo que se nos ofrece como el futuro de la seguridad es, en realidad, el eterno retorno de una fórmula que nos ha mostrado una y otra vez que no es la solución.

Nietzsche —cómo lo muestra el pasaje con el que empieza esta columna— imaginó el eterno retorno como una pregunta que ponía a prueba........

© La Silla Vacía