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En cumbre antifósil, gobierno Petro juega de moderado entre gobiernos y sociedad civil

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28.04.2026

Todo lo que necesita saber sobre el poder, la deforestación y la biodiversidad en la región amazónica está en la Silla Amazonía.

Acabar con el uso del petróleo y el gas es un propósito inconcebible para los países más poderosos. Pero en Colombia varios de los que componen el G20, el grupo de economías más grandes del mundo, se sentaron por primera vez a escuchar. Parte clave de este hito tiene que ver con la mediación de Colombia, un país que por la postura radical de su presidente, se ha ganado un espacio de legitimidad frente a la sociedad civil internacional más comprometida con el cambio climático. 

Para lograrlo, el gobierno y su diplomacia hicieron algo inusual: se moderaron. Renunciaron a que el protagonismo de la discusión fuera la medida más drástica: un tratado internacional vinculante para dejar enterrado el petróleo, el carbón y el gas. 

Gracias a una postura más abierta, la cumbre contra los combustibles fósiles de Santa Marta logró convertirse en la sede de una discusión inédita entre países como Canadá, México, Brasil y Reino Unido, grandes productores y consumidores de hidrocarburos, con las islas del Pacífico que pueden desaparecer por el cambio climático, y la sociedad civil que quiere acabar el petróleo ya.

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La tensión, en todo caso, entre dos visiones y urgencias distantes ha estado en el ambiente y está lejos de superarse.

La cumbre de Santa Marta nació como una idea de la sociedad civil 

Una cumbre para hablar de la salida del petróleo, el gas y el carbón, en Santa Marta, fue la idea de la sociedad civil para apoyar su iniciativa que vienen empujando hace cerca de 10 años , de que se firme un Tratado global vinculante de no Proliferación de los Combustibles Fósiles. 

Tomaron nota de otros tratados como el de la no proliferación de las armas nucleares o el de las minas antipersona, como alternativa a las reglas rígidas del Sistema de Naciones Unidas que casi completó una treintena de COP sin que se mencionara siquiera la palabra.

Los primeros en montarse a la iniciativa del Tratado fueron los pequeños Estados insulares del Pacífico sur, como Bahamas, Tuvalu, Antigua y Barbuda, entre otros, para quienes el cambio climático es una cuestión existencial: tienden a desaparecer con el aumento de la temperatura global del planeta y, por ende del mar: 2024 y 2025 han sido los años más calientes desde la era preindustrial. 

Cuando eran ocho países, en 2023, Colombia, en cabeza de la ex ministra de Ambiente, Susana Muhamad, levantó la mano para manifestar su apoyo a la iniciativa, y fue el primer país de Latinoamérica en hacerlo que tenía un peso importante del petróleo en sus exportaciones y por ende en sus finanzas públicas. Muhamad fue nombrada el año pasado, como enviada especial de ese tratado, gracias a su capacidad de incidir en la diplomacia internacional. 

Pero la historia tuvo un giro a finales de 2025, cuando en la COP30 de Belém do Pará, Colombia lideró la Declaración de Belém, una iniciativa política para presionar que se discutiera una hoja de ruta de salida de los combustibles, a la que se sumaron más de 20........

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