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La candidata: Paloma lidia con ataques machistas y la paternidad de Uribe

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01.04.2026

Desde Noemí Sanin, en 2010, no había una mujer con más posibilidades de llegar a la presidencia de Colombia. Paloma Valencia, la candidata del Centro Democrático, es la candidata femenina de 2026. Eso la pone a responder a ataques machistas por su cuerpo y por su maternidad que otros candidatos no tienen que sufrir. Especialmente ahora que lucha por el paso a segunda vuelta con la derecha de Abelardo De La Espriella. 

Desde la izquierda, la mirada hacia Valencia es más compleja. Casi que no es tenida en cuenta, en una elección en la que el contrincante es visto por Iván Cepeda como Álvaro Uribe, y no su pupila. Ella misma ha pintado a Uribe como su “papá”. “Esa reiteración de lealtad es innecesaria porque en ciertos sectores le da imagen de carecer de carácter y criterio”, dice Marta Lucía Ramírez, la primera vicepresidenta que tuvo el país y una mujer que ha roto varios techos de cristal.

Desde su campaña juegan con este doble filo de la candidata mujer. Paloma es protegida por su partido de los ataques con un celo. Por otro lado, ella se presenta en una versión que se construye desde la mujer conservadora donde la familia es el centro de la sociedad y el Estado estará manejado por las “manos impolutas de mujer”, como dice Uribe. 

Los ataques son peores por ser mujer 

La candidatura enfrenta retos diferentes a los de sus dos competidores a la derecha y a la izquierda. “Ser mujer significa todas las desventajas porque le caen con todo el rigor propios y extraños. Cualquier error se lo cobran a la ene potencia”, dice Ramírez, una mujer que como Valencia milita en la derecha. 

Para las estudiosas del tema de género, el hecho que una mujer tenga la posibilidad real de ser presidenta es en sí mismo un triunfo. “Ella reivindica los derechos de las mujeres solo por estar ahí, rompe todos los techos de cristal y carga una maleta muy pesada porque las brechas son muy grandes, así ella no hable de eso”, dice Lina Buchely, del Observatorio para la Equidad de las Mujeres de la Universidad Icesi de Cali.

Entre ellas, ser juzgada de una manera distinta. La Silla analizó más de 14 mil respuestas hechas en X a trinos de la candidata y los comparó con las respuestas a trinos de Abelardo De La Espriella. En los primeros tres meses de 2026, el 76% de respuestas en X a la candidata fueron ataques en su contra, en comparación a Abelardo que recibió apenas un 44% de ataques. 

Pero de los comentarios en contra de la candidata del Centro Democrático el 13% contienen algún ataque relacionado al género de la candidata, contra el 2% en el caso de De La Espriella. 

Muchos de los que le lanzan a Valencia hacen referencia a su cuerpo— “Severa basura la gorda desbaratada”— o a que debería mejor irse a cuidar a su hija—“Deje de hablar tanta mierda y póngale cuidado a su hija.

En contraposición, la mayoría de ataques contra Abelardo que pueden relacionarse con género  son aquellos que dudan de su orientación sexual o le atribuyen un rasgo de feminidad—“​¡​La Paloma te va a dejar botada tigresa!”.

Un reciente estudio de Onu Mujeres en Colombia pinta un panorama difícil para la participación femenina en política. Describe barreras que van desde la decisión de entrar a la política electoral, que empieza por la persuasión del círculo familiar de las mujeres para que no se expongan a la violencia física y digital.

Ya en campaña, el estudio de la ONU dice que tres de cada cuatro candidatas afirmaron que experimentaron hechos de violencia política. Además, el 48% evitó salir sola a las actividades de la campaña y una de cada cuatro limitó sus actividades presenciales de campaña, como volanteo por acoso que va desde el verbal hasta el sexual.

Valencia reconoce que ha tenido que lidiar con “un machismo brutal. Me han dado muy duro porque no me amoldo fácilmente a lo que la gente quiere de mí. Pero ya estoy acostumbrada”, según dijo en una entrevista en la revista Bocas.

El aprendizaje de cómo tratar a una mujer candidata con una campaña competitiva apenas empieza para los detractores, pero también para las propias filas. En una reciente controversia que desató el caricaturista Matador en la que se refirió al peso de la candidata,  hubo un rechazo general de personas de todo el espectro político.

Sin embargo, la defensa de miembros de su partido, el Centro Democrático, no fue necesariamente en línea con la instrucción que dice que el  cuerpo de las mujeres no debe ser parte del debate. El hijo del expresidente Uribe, Tomás Uribe, volvió a referirse al cuerpo de la candidata para defenderla: “Para el sobrepeso hay solución: ejercicio, dieta, Ozempic. Para la mala condición humana, infortunadamente, pocas veces hay solución”, escribió.

Entre las “manos limpias de mujer” y la paternidad de Uribe

Valencia, una senadora de tres periodos y 50 años, fue “la de Uribe” hasta marzo de 2026. El expresidente la acompañó en la mitad de los eventos públicos que hizo como candidata a la presidencia dentro de la Gran Consulta. Ella jugó el papel. Declaró que Uribe era “su papá político”, y detrás llegaron más de tres millones de votos. 

Ahora, Valencia lidia con el doble filo de esa paternidad como candidata presidencial. En otra controversia reciente, Uribe que tenía el micrófono encendido pidió a su asesora de redes  “que le hagan llorar” a una influencer que estaba atacando a Paloma. Luego, la mandó regañar por estar viendo el celular durante un evento. Según Buchely estos hechos “la infantilizan”. “En una subordinación tan grande, tan marcada por la línea del uribismo, ella queda desdibujada como mujer”.

Este es uno de los retos más grandes que tiene Valencia de cara a la primera vuelta, volverse la candidata a la Presidencia, y no solo la candidata de Uribe. “Los mentores políticos acompañan una parte del recorrido, pero la responsabilidad no es por interpuesta persona, no tiene dos cabezas y la cabeza es la responsable”, afirma la ex vicepresidenta Ramírez.

Pero desde su campaña piensan que tener a una candidata les está ayudando. El estratega de la campaña, Luis Duque, afirma que “yo llegué y los grupos focales siempre traían una duda: ¿Colombia está preparada para tener una mujer presidente?”, dice.  “Y luego de enero la conversación cambió. La misma gente en las mediciones digitales veía esto como un activo”.

Desde la campaña ese activo se ha impulsado relacionado con la lucha contra la corrupción y la integridad de Valencia. “Manos impolutas de mujer”, dice Uribe. Su integridad, su disciplina y trabajo, han sido atributos que la campaña ha asociado a una mujer que, según la encuesta de Altas Intel, la única que publica datos desagregados por género, tiene un apoyo más alto de hombres que de mujeres a su candidatura. En su última medición, registra que el apoyo entre hombres es de 21%, mientras en las mujeres tiene una intención de voto de 15%.  

Valencia tampoco encontrará grandes apoyos dentro del feminismo más tradicional. Muchas activistas sienten que representa más los intereses de los hombres urbanos de clase media que el de las mujeres de base, en particular en el tema económico y de seguridad. 

“Ella es contradictoria”, dice Juliana Hernández, de Artemisas, una organización de acción política para las mujeres, quien reconoce la capacidad de escucha y conciliación que tiene la candidata. Pero critica que “ella no ha tomado el tema de la economía del cuidado, no se ha pronunciado”.

A nivel global, los estudios muestran que para las mujeres de derecha el ejercicio político es incluso más difícil que para las de izquierda porque como no reivindican derechos con un enfoque diferencial de género están más solas tanto para entrar en la política como en su ejercicio, dice Lina Buchely. “Tanto es así que partidos de centro derecha como el que representa la fundación alemana Konrad Adenauer, de la Unión Demócrata Cristiana, de centro derecha, hay un esfuerzo activo por reclutar mujeres y acompañarlas en su ejercicio”, explicó.

“Colombia merece una presidenta mujer”, dice Marta Lucía Ramírez. Por ahora, en el caso de Valencia, hay más hombres que mujeres que, según la encuesta Atlas Intel, están de acuerdo. 


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