Crónica de una derrota anunciada
Creerse el cuento de que el país había cambiado porque aprobaron unas reformas, titularon unas tierras y nombraron unos indígenas en cargos públicos fue un error.
Lo peor que le puede pasar a un gobernante es comerse su propia propaganda y el petrismo se la tragó todita.
Tanto así que montaron la estrategia de la campaña continuista sobre las mismas premisas falsas que habían construido. En contra de la realidad asumieron que el presidente de la república era inmensamente popular. ¿Cómo no podía serlo si subió el salario mínimo 23% y ha liberado de la esclavitud laboral a millones de trabajadores?, pensaban. Arrebatarles la salud a los mercachifles, construir universidades en medio de la selva, darles pensión a los viejitos, reducir los envíos de coca e intentar la Paz Total, ¿cómo no serían estos logros reconocidos por la masa de los colombianos?
Bastaba entonces con prometer más de lo mismo para asegurar el triunfo. Continuidad pura y dura. Fundamentalista. Sin revisionismos ni desviaciones. Con asamblea constituyente a bordo. Para esto escogieron como candidato a un apparátchik soviético. Iván Cepeda no solo habla como comunista, camina como comunista y piensa como comunista, sino que es un comunista. Parece sacado del casting central de una película de bolcheviques.
La candidatura de Cepeda llegaba cien años tarde, pero nadie en el petrismo pareció percatarse. En un mundo donde Westcol es el rey, las Tesis de Abril no encajan.
Lo sorprendente es que se hubieran desconcertado con el resultado del 31M. Cuando Cepeda publicaba fotos informándonos que se llamaba Iván Cepeda y que sería........
