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Los límites institucionales que pondrían a prueba Abelardo o Cepeda

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17.06.2026

Aunque Colombia no se convertirá en una dictadura el 7 de agosto, cada candidato sí tensionará unas instituciones y enfrentará contrapesos significativos.

Ambas campañas han presentado su candidatura como la única carta para salvar la democracia. Para muchos en la izquierda, si gana Abelardo de la Espriella sería el ascenso del fascismo. Para muchos en la derecha, un triunfo de Iván Cepeda sería la llegada irreversible del comunismo.

Pero lo más probable es que el futuro sea menos catastrófico, gane quien gane. Colombia tiene una cultura institucional, unas cortes, un Congreso, un Banco de la República, una prensa y una sociedad civil que han frenado antes las ambiciones de presidentes con mayorías más sólidas y mandatos más amplios que los que tendría cualquiera de los dos.

Colombia no se convertirá en una dictadura el 7 de agosto. La pregunta más realista es qué instituciones tensionaría cada candidato, con qué herramientas, qué tan probable es que logre hacerlo y qué contrapesos tendría enfrente.

Los riesgos no son simétricos. De la Espriella representa un riesgo más frontal para las libertades civiles, la prensa crítica y los derechos de las minorías, desde una promesa de orden, mano dura y concentración de poder en el Ejecutivo. Cepeda representa otro tipo de tensión: una agenda de transformación estructural, expansión del Estado sin fuentes claras para finánciela, presión social y ambigüedad sobre los caminos institucionales para lograr sus reformas.

En ambos casos, el punto crítico no es solo qué quieren hacer, sino qué harían cuando el Congreso, las cortes, la plata, la realidad territorial o la calle les digan que no.

El primer límite: el Congreso

El próximo presidente enfrentará una oposición significativa desde el primer día.

Si gana Abelardo de la Espriella, tendrá en contra a la bancada del Pacto Histórico, que representará cerca del 25 por ciento del Senado. Si a esa oposición se suman los senadores del partido de Juan Fernando Cristo y los Verdes, el bloque podría acercarse a una tercera parte de la corporación.

Si gana Iván Cepeda, la oposición arrancaría con los 17 senadores del Centro Democrático y los tres de Salvación Nacional, alrededor del 20 por ciento del Senado. A ellos podrían sumarse los seis de Cambio Radical y una parte del Partido Conservador.

Es decir, gane quien gane, el próximo presidente tendrá de entrada una tercera parte del Senado en contra. O, visto desde otra óptica, solo una tercera parte totalmente fiel a sus ideas. Para sacar reformas ambiciosas, cualquiera de los dos tendría que negociar con sectores que no son de su cuerda ideológica. Y para sacar reformas constitucionales, el reto sería mucho mayor.

Abelardo necesitaría reformas de ese calibre para eliminar la JEP, instaurar la cadena perpetua para violadores y asesinos de niños o sacar a Colombia de ciertos compromisos internacionales. Cepeda también las necesitaría para propuestas como eliminar el Consejo Nacional Electoral.

La diferencia estaría en la estrategia que cada uno podría usar frente a ese bloqueo.

La tentación de Abelardo: gobernar por atajo

Si el Congreso no está “firme con la patria”, De la Espriella probablemente intentaría gobernar por decreto, como ya lo ha insinuado.

Ha dicho que, apenas se posesione, declararía dos estados de excepción: una emergencia económica para tomar decisiones sobre la economía y una conmoción interior para combatir a los grupos ilegales. También ha dicho que el primer día presentaría 90 decretos.

En otras palabras, su idea de gobierno supone ejecutar con poca mediación legislativa.

El riesgo no es solo que use decretos dentro de los márgenes legales, como lo han hecho todos los presidentes recientes. El riesgo es que un gobierno suyo use —o amenace con usar— herramientas estatales de inspección, investigación financiera o cooperación con Estados Unidos para intimidar a congresistas, opositores o contradictores.

Como abogado y como candidato, De la Espriella ha mostrado una alta disposición a la confrontación, la denuncia pública y la intimidación. En campaña, por ejemplo, acudió al “quitavisas” del Departamento de Estado de Estados Unidos para denunciar a políticos del Pacto Histórico que, según él, podrían mover sus maquinarias a favor de Cepeda. Ya en la Presidencia, esa estrategia tendría más poder: no solo por su voz, sino por el acceso del Ejecutivo a información privilegiada, organismos de inteligencia, burocracia, relación con Trump y capacidad de presión.

De la Espriella tendría, además, varios factores de poder de su lado: una parte significativa del sector privado, los partidos más conservadores y de derecha, un sector de las Fuerzas Militares, la mitad del país que lo apoya y el gobierno de Estados Unidos mientras Donald Trump esté en el poder.

La tentación de Cepeda: gobernar con la calle

Si el Congreso no le aprueba sus reformas, Cepeda podría apelar al “poder constituyente”, como lo defendió durante buena parte de la campaña.

Durante meses, ese poder tenía una expresión concreta en la Asamblea Constituyente promovida por Petro y por sectores del Pacto Histórico como una forma de “desbloquear” las reformas. Después de la derrota en la primera vuelta, el comité promotor retiró la iniciativa de la Registraduría. Pero el exmagistrado Manuel José Cepeda, uno de los cerebros de la Constitución del 91, advirtió en una entrevista con El Tiempo que para desmontar realmente la Constituyente tendrían que disolver el comité, desistir totalmente de la recolección de firmas y no entregarlas a la Registraduría.

En todo caso, dada la correlación de fuerzas a favor de la derecha que quedó clara en la primera vuelta, revivir una Constituyente sería muy riesgoso para la izquierda. Además, tendría que pasar por el Congreso y ser votada por cerca de 13 millones........

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