La transición Petro-De la Espriella, una ruptura hostil sin precedentes
Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de La Silla Vacía ni de sus aliados.
La democracia, en su esencia más elemental, es un mecanismo para tramitar las diferencias sin recurrir a la violencia. Quizás ningún momento pone a prueba esta premisa con tanta intensidad como el tránsito de poder entre gobiernos. Durante décadas, América Latina fue escenario de rupturas institucionales, golpes de estado y sucesiones traumáticas. Sin embargo, la región ha logrado consolidar, con altibajos, la idea de que el poder se entrega y se recibe a través de las urnas.
El empalme entre gobiernos puede transitar por distintos escenarios que van desde la armonía colaborativa hasta la hostilidad abierta. La naturaleza de esta transición depende de múltiples factores: la cercanía ideológica, el margen de la victoria electoral, la legitimidad percibida del proceso, y la disposición de los actores a privilegiar la institucionalidad.
La transición Petro-De la Espriella es la más conflictiva en la historia reciente de Colombia: combina por primera vez en un solo proceso el no reconocimiento de resultados, la amenaza de desobediencia civil, la criminalización del adversario y la contaminación del empalme técnico, poniendo en riesgo la gobernabilidad del país. Así se ve a la luz de otros empalmes en la región.
Los escenarios de transición en la región
Este escenario se caracteriza por la continuidad. Cuando el partido de gobierno mantiene el poder mediante un sucesor de su misma línea política, el empalme tiende a ser natural y amistoso. Existe un lenguaje común, equipos que se conocen, y una hoja de ruta que no requiere cambios radicales. Los equipos de empalme trabajan en sintonía, la información fluye sin restricciones, y el mensaje hacia la ciudadanía es de unidad, proyección y profundización de los avances.
México (López Obrador – Sheinbaum, 2024): el traspaso de poder entre Morena fue diseñado como una continuidad del proyecto de la “Cuarta Transformación”. Sheinbaum fue parte del gabinete de Amlo y su campaña se construyó sobre la promesa de profundizar las políticas del gobierno saliente. El empalme fue técnico, colaborativo y con plena sintonía discursiva.
Brasil (Lula – Dilma, 2011): la sucesión dentro del PT fue un ejemplo clásico de continuidad. Dilma había sido ministra de Lula y su llegada al poder representó la institucionalización del proyecto lulista. Los equipos de transición trabajaron con fluidez, compartiendo no solo la orientación política sino también........
