Cepeda lanza su política de alianzas limitado por las sombras de Petro
El senador Iván Cepeda sumó a Juan Fernando Cristo a su campaña presidencial. El exministro es la primera gran figura por fuera del núcleo duro de la izquierda que aterriza en la apuesta reeleccionista del Pacto Histórico. Desde hace semanas, los guiños hacia Cristo eran obvios y su llegada era previsible por su dura oposición al Centro Democrático y la gran dispersión del centro político.
Con Cristo, Cepeda inaugura su política de alianzas de cara a la primera vuelta presidencial. Son dos las narrativas con las que aspira atraer a la clase política aliada y al centro más progresista. Por un lado, la promesa de un nuevo gobierno de coalición que impulse reformas socialdemócratas. Y por el otro, un discurso anticorrupción basado en el carácter de Cepeda y el esbozo de lo que llama un “Sistema Nacional contra la Macrocorrupción”.
El problema para Cepeda es que ambas narrativas flaquean frente al espejo del gobierno de Gustavo Petro y de sus propios silencios como senador oficialista. Petro, a menos de un año de estar en el poder, empezó a resquebrajar la coalición con los liberales de centro de su gabinete hasta formar un gobierno más a la izquierda con ministros de bajo perfil. Y la corrupción estalló en las esferas más altas de su gobierno. Dos de sus principales ministros, Ricardo Bonilla y Luis Fernando Velasco, son señalados de liderar un esquema de corrupción para sobornar al Congreso y su antigua mano derecha, Carlos Ramón González, está prófugo de la justicia por el mismo caso.
Cepeda, quien ha condenado el escándalo de la Ungrd, ha guardado un largo silencio en otros frentes oscuros del gobierno Petro. Su voz no se escuchó cuando su propio partido, el Polo Democrático, le abrió la puerta al Clan Torres en su lista al Senado en 2022, por ejemplo, ni alrededor de las denuncias de Noticias Caracol sobre la infiltración de las disidencias de las Farc en el alto gobierno.
El problema de credibilidad de un nuevo gobierno de coalición
El lunes, en una reunión en el Hotel Tequendama, Cepeda compartió con la dirigencia del Pacto su política de alianzas. El objetivo es lograr un triunfo en primera vuelta, un objetivo a estas alturas poco realista. Según el ponderador de encuestas presidenciales de La Silla, el senador tiene una intención de voto del 34% a corte de marzo. Es decir, le faltan más de 16 puntos para alcanzar el 50 + 1 que se requiere para llevarse la Presidencia en primera.
Pero Cepeda y su campaña están decididos a construir esa mayoría para antes del 31 de mayo. El senador les dijo a sus copartidarios que cualquier alianza política, nacional o regional, debe tener su aprobación personal y la del comité político del Pacto Histórico, conformado por los presidentes de los partidos de izquierda que se fusionaron.
Cristo es el primero en sumarse. Desde hace semanas, el exministro mantuvo conversaciones con la senadora María José Pizarro, jefa de debate de Cepeda y miembro del comité del Pacto. También con el representante Gabriel Becerra, uno de los negociadores políticos del senador.
“Desde el inicio de la campaña era claro que estamos construyendo una alianza con los movimientos sociales. Eso es lo que representa la senadora Aida Quilcué. Pero sabemos que eso no es suficiente. Necesitamos una alianza con los sectores políticos y las personalidades que se autodenominan de centro, o liberales socialdemócratas, para formar un gobierno de coaliación”, dice Becerra.
Sin embargo, pese a la alianza, en el entorno de Cristo son cautos. “El problema siempre con la izquierda es que los acuerdos con ellos duran seis meses y terminan con un gobierno de facción”, dice una persona cercana al exministro que trabajó en el gobierno Petro, quien pidió la reserva de su nombre porque no está autorizado para dar declaraciones.
En términos personales, Cepeda genera más confianza en el círculo de Cristo que el propio Petro, según la fuente. Sobre todo porque lo consideran un político mejor formado y disciplinado, a diferencia del presidente. Sin embargo, saben que la izquierda ahora tiene una posición de fuerza en la negociación y los riesgos de un eventual gobierno puramente de izquierda son latentes.
En su discurso de adhesión, Cristo señaló las coincidencias políticas que los unen, pese a sus diferencias ideológicas. Por ejemplo, la defensa del acuerdo de paz con las Farc, el impulso de la Ley de víctimas, la idea del “acuerdo nacional” y las reformas sociales del gobierno Petro, uno de los elementos más atractivos para los políticos en campaña.
Cepeda y sus negociadores políticos están listos para sumar a las figuras de la clase política tradicional que han acompañado estas reformas desde la frágil coalición de gobierno.
El martes, en el reinicio del Congreso, Cepeda acordó una próxima reunión con el senador del Partido de La U, Antonio José Correa, uno de los aliados más notables del gobierno Petro en esa colectividad. “Nos saludamos con afecto y quedamos en reunirnos. Por principio y por coherencia política me inclino por su candidatura, pero estamos a la expectativa de ese diálogo”, dice el senador de La U, que empezó su carrera cerca al equipo político de Enilse López, alias “La Gata”.
Correa puede ser uno de los principales puentes para sumar otras figuras de La U que han acompañado al gobierno Petro. De los nueve que quedaron electos, además de Correa, otros cuatro votaron por iniciativas oficiales: Jhonny Besaile, José Alfredo Gnecco, Wilmer Carillo y Ana Paola García.
Sin embargo, la sensación generalizada entre los equipos políticos tradicionales, con votos amarrados, es que para el 31 de mayo el esfuerzo para movilizar a sus votantes será bajo. La lógica es esperar los resultados que arrojen la primera vuelta para aterrizar las negociaciones políticas y ser una fuerza más definitiva en segunda.
Pero muchos en la izquierda pretenden sellar esas alianzas de cara a la primera vuelta. “Hoy no tenemos un 50 + 1. Eso es cierto. Pero podemos construirlo para el 31 de mayo. No vamos a lograrlo si los liberales, conservadores y los de La U que nos han acompañado se van a otras campañas”, dice el representante por Antioquia, Alejandro Toro, quien tiene uno de los equipos políticos más grandes del Pacto en ese departamento.
Toro, por ejemplo, quiere servir de puente con el equipo político de la senadora electa liberal, María Eugenia Lopera, también antioqueña, y quien es aliada del exsenador Julián Bedoya, uno de los grandes barones electorales de la región. Bedoya está en juicio acusado por tres delitos relacionados con las irregularidades para obtener su título como abogado. El presidente Petro comparó a Lopera con María Cano, uno de los grandes íconos de la izquierda paisa, por respaldar sus reformas sociales.
El representante Toro insiste en que Cepeda debe avalar el acercamiento con Lopera y que el acuerdo debe darse sobre un acuerdo programático. “Pero uno no debe leer lo programático como un asunto etéreo e ideológico. Los sectores aliados pueden entrar a un gobierno con el compromiso de cumplir con un objetivo de política pública, que se traduce en acceso al ejecutivo”, dice sobre la expectativa de entregar espacios burocráticos para los políticos que apoyen a Cepeda.
Los silencios de Cepeda debilitan su discurso anticorrupción
Si un gobierno de coalición es la llave para atraer a la clase política, la anticorrupción es el discurso de la campaña Cepeda para seducir a los votantes de centro más progresistas. O eso es lo que piensan en el primer círculo de su campaña, quien pidió la reserva de su nombre. La figura a la que apuntan es Claudia López, quien ha dicho que en segunda vuelta no se sumará ni a la fórmula del Pacto Histórico y mucho menos a la del Centro Democrático.
López y Cepeda, como muchas otras figuras y partidos de la época, impulsaron la Consulta anticorrupción del 2018, la plataforma con la que la exalcaldesa ganó una gran visibilidad nacional.
Desde el principio de la campaña, Cepeda ha puesto la anticorrupción como uno de sus principales temas. Después de la paz (218 menciones), es el tema que más ha mencionado en sus discursos con 192 referencias.
Para Cepeda, la corrupción, o la “macrocorrupción”, como la suele llamar, es una estructura enquistada en el centro del sistema político, no una acumulación de actos corruptos individuales por la ausencia de una ética pública.
“De actos individuales, episódicos y relativamente simples (…), hemos pasado a la macrocorrupción: la descomposición generalizada de instituciones y poderes públicos, y operaciones complejas de estructuras que despliegan actividades concertadas en las que participan un gran número de personas”, dijo en octubre del año pasado desde Cali, poniendo como ejemplo el escándalo de la parapolítica que sucedió hace más de una década.
También, en la línea del presidente Petro, Cepeda ha lamentado el escándalo de la Ungrd, en la que suele individualizar a Olmedo López, el exdirector que confesó direccionar dinero de la entidad para sobornar al Congreso con el objetivo de lograr mayorías para las reformas del gobierno. En sus discursos, Cepeda ha esbozado medidas concretas para enfrentar la corrupción. Entre ellas, el fortalecimiento de la Secretaría de Transparencia de Presidencia, o la Unidad de Información y Análisis Financiero (Uiaf), la agencia del Ministerio de Hacienda clave para luchar contra el lavado de activos.
Sin embargo, Cepeda ha celebrado la llegada de las alianzas políticas que suelen derivar en acuerdos clientelistas para beneficiarse del Estado. En 2022, por ejemplo, abrazó el arribo de Armando Benedetti a la campaña Petro, uno de los organizadores del triunfo del Pacto, pese a las múltiples investigaciones penales que desde hace años persiguen al ministro con escándalos como el de Fonade.
La presencia de figuras del liberalismo democrático hace del proyecto de Cambio Histórico una alternativa amplia, diversa. Agradezco su valiosa contribución a Roy Barreras, Alfonso Prada, Armando Benedetti, Luis F. Velasco, Guillermo García, Roosvelt Rodríguez, Temistocles Ortega pic.twitter.com/HkByNsxAng— Iván Cepeda Castro (@IvanCepedaCast) May 7, 2022
La presencia de figuras del liberalismo democrático hace del proyecto de Cambio Histórico una alternativa amplia, diversa. Agradezco su valiosa contribución a Roy Barreras, Alfonso Prada, Armando Benedetti, Luis F. Velasco, Guillermo García, Roosvelt Rodríguez, Temistocles Ortega pic.twitter.com/HkByNsxAng
Benedetti, además, fue quien llevó al Pacto al senador Pedro Flórez, ficha del clan político del empresario Euclides Torres, financiador de la campaña Petro y socio y amigo del ministro. En este gobierno, Torres ha sido beneficiado con contrataciones multimillonarias entregadas con favorecimientos e irregularidades y la coalición ha impulsado proyectos para que sus empresas sigan capturando rentas del Estado.
Cepeda nunca se ha pronunciado públicamente en contra de Flórez, quien en 2022 ocupó un lugar en la lista cerrada del Pacto dentro de los cupos que tenía el Polo Democrático, el partido del senador. Para la consulta del 2025, también fue postulado por el Polo, obteniendo la mayor votación.
Cepeda no contestó preguntas para esta nota. En una historia anterior, le dijo a La Silla que él no “cohonestaba con mafias políticas” sin referirse al caso concreto del clan Torres dentro del Pacto.
Es cierto que el senador se alineó con el grupo de ministros del gobierno Petro que se opuso a la llegada de Benedetti a la Casa de Nariño. Figuras como Jorge Rojas y Susana Muhammad, protagonistas de ese motín contra el ministro, forman parte de su círculo más cercano de campaña.
“Expreso mi respaldo a las ministras y los ministros de nuestro gobierno que piden una reflexión crítica sobre la llegada de Armando Benedetti a la Casa de Nariño. Existe una serie de hechos que cuestionan severamente la compatibilidad de esa decisión con nuestro proyecto político”, escribió en su momento. No volvió a comentar al respecto cuando Petro purgó, uno a uno, a los funcionarios insurrectos.
Otros silencios lo siguen marcando. Uno de ellos, su renuencia a pronunciarse a la denuncia de Noticias Caracol sobre una supuesta infiltración de las disidencias de las Farc, al mando de alias “Calarcá”, en el alto gobierno. Incluso cuando el escándalo mostró que los mecanismos de diálogo de la paz total fueron utilizados al parecer para favorecer los intereses de un grupo criminal con el que el gobierno estaba negociando. Y hasta para buscar crear empresas de seguridad similares a las que utilizaron los paramilitares en los noventa para expandirse.
Cepeda no tuvo ningún rol en el proceso de negociación con las disidencias de “Calarcá”, pero fue clave en el diseño general de la paz total, jugó un papel importante en el proceso de paz con las Farc y ha dicho que, de llegar a la Presidencia, insistirá en las negociaciones con los grupos armados.
“A la gran corrupción se le acaba la vida feliz el 7 de agosto”, ha prometido Cepeda en campaña, haciendo simultáneamente una promesa y un diagnóstico crudo de los anteriores gobiernos, que incluye al de su propio partido. Y por eso mismo, su promesa de luchar contra la corrupción en su eventual gobierno nace bajo la sombra de la que abundó en el de Petro.
