Panel de votantes: Así cambiaron sus emociones con las consultas
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Panel de votantes: Así cambiaron sus emociones con las consultas
El 8 de marzo, el país votó. Y los siete participantes del Panel de votantes de La Silla Vacía y Extituto también. Son votantes de distintos géneros, edades, estratos y regiones que, en conjunto, representan el censo electoral. A menos de dos meses de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, cuentan cómo les cayeron los resultados del Congreso y las consultas interpartidistas, qué piensan de las fórmulas vicepresidenciales y, sobre todo, cómo están emocionalmente de cara a la primera vuelta.
Lo que muestran es que sus percepciones siguen moviéndose. Algunos ratificaron sus preferencias. Otros las cambiaron. Pero casi todos coinciden en algo: todavía hay mucho por ver.
“Sigo fiel a lo que creo y pienso”
Jorge Vélez. 22 años. Estudiante de Ingeniería Civil. Vive en Cartagena (Bolívar).
Jorge se ve reflejado en la candidatura de Abelardo De La Espriella. Se define como “una persona muy conservadora, muy de derecha, con principios cristianos y católicos”. Hijo de un militar retirado, asegura que sintió “mucha emoción” cuando se enteró de que José Manuel Restrepo sería su vicepresidente. “Sentí patriotismo, alegría y esperanza”.
Un seguidor fiel del Centro Democrático, votó en la consulta por Paloma Valencia. Pero Jorge no contempla apoyarla para la segunda vuelta. Sobre todo desde la llegada de Oviedo. “No estoy juzgando su condición”, dice refiriéndose a su orientación sexual. A Jorge le preocupa que “ha promovido una agenda Lgbt no solo entre adultos sino también entre niños”. Eso le genera “un poco de tristeza”. “Siento que el Centro Democrático perdió ideales para ganar votos”, dice Jorge.
Además, le parece que en las últimas semanas el discurso de la exsenadora ha pasado a ser “más pacífico”. Algo que interpreta como parte de una estrategia para mostrarse menos radical frente a Cepeda. Pero lo que otros considerarían una movida para capturar al centro, Jorge lo llama “tibieza”. Esta nueva versión de la candidata le recuerda un poco a Iván Duque. Alguien que “tenía buenas ideas, pero que perdía fuerza en temas como seguridad”.
Su candidato sigue siendo De La Espriella. “Sé que muchas personas que conozco no salieron a votar y que van a votar por Abelardo”, asegura. “Hay otras que votaron por Paloma —como yo, como mi papá y muchas personas— pero en primera vuelta van por Abelardo”.
Jorge se toma en serio los cálculos de la campaña porque la siente como una causa propia. Cree que “Abelardo perdió una oportunidad” al no aparecer en un tarjetón el 8 de marzo. “Sí hizo un trabajo político”, destaca. “Porque de una sola puntada sacó cuatro senadores con Salvación Nacional, pero quizás tiene que llegar a muchas más personas”.
¿Su conclusión? De La Espriella “sí tiene un buen capital de votos, pero tiene mucho trabajo por delante”. Trabajo al que le suma José Manuel Restrepo, un hombre que, según Jorge, le transmite “firmeza y carácter”. Él, por su parte, intenta hacerle campaña en Cartagena. “Es una tarea sencilla no para beneficiar a ninguna campaña política, sino al país. Quiero que gane Abelardo porque siento que es la mejor opción para sacar a Colombia del hueco en el que está.”
“Aquí no ha pasado nada”
Álvaro Galvis. 74 años. Pensionado. Vive en Bogotá.
Cuando habla del 8 de marzo, Álvaro dice que no siente nada. “Aquí no pasó nada”, insiste. Admite, eso sí, que su círculo de familiares y conocidos está más tranquilo. La votación de Paloma les dio un respiro. “Algunos de mis amigos, los del chat del colegio, los de los chats comunes que tenemos con mi mujer, todos se sintieron aliviados”, cuenta desde su apartamento al norte de Bogotá.
Su frialdad no es apatía. Es la emoción de quien ha vivido de cerca las campañas políticas desde los ocho años y que ha aprendido, a punta de decepciones acumuladas, a no entregarse. Tal vez por eso se inclinó por el voto útil. Votó por Paloma porque se perfilaba como la ganadora y quería que triunfara con “una buena diferencia de los demás”. Votó por el Centro Democrático al Senado “simplemente para que haya un cuerpo importante de senadores más o menos alineados con la misma cosa”. Ni siquiera revisó la lista. “No tengo ni idea, no me molesté en mirar”, dice sin pena. “Voté por lo que yo bauticé, para delirio de mis sobrinos, como la batalla póstuma de Álvaro Uribe”.
Un empresario retirado que votó hace cuatro años en contra de Petro, Álvaro solo votó por una candidata a la Cámara que encaja en sus gustos. Apoyó a Julia Miranda. Y perdió. “La vi al día siguiente. Le iba a llevar Desitin para la quemada pero mi mujer me amenazó con botarme por una ventana.”
Analiza las fórmulas vicepresidenciales más desde la razón que desde las emociones. “Me interesa más la potencialidad que tengan para ejercer ese cargo que cómo sean sus personalidades”. A Oviedo lo aprueba técnicamente. “Me deja la sensación de que es una persona que es capaz de resolver problemas”. A José Manuel Restrepo lo conoce personalmente, eso le da confianza pues le gusta votar por gente conocida. A Edna Bonilla la ve más como para la portada de una revista.
La paradoja es que el vicepresidente que le genera algo parecido al respeto genuino está en la fórmula del candidato que menos le convence: De La Espriella.
Álvaro dice que las elecciones le recuerdan a lo que era el Concurso Nacional de Belleza hace unos años. “Que si menganita subía, que si fulanita bajaba. Nosotros hacíamos polla”, recuerda. Para él, todo era especulación hasta unos días antes de la coronación. Ahí se definía la ganadora. “Era una fiesta absolutamente fantástica, elitista, un desmadre increíble”. Por eso, piensa, “todavía hay mucho que jugar”.
“Uno a veces se deja llevar. Incluso yo reenvié un video de Oviedo”
Bertha De La Hoz. 55 años. Trabajadora independiente. Vive en Barranquilla (Atlántico).
El 8 de marzo Bertha votó por el Pacto Histórico al Congreso. Fue con su hijo de 18 años que votó por primera vez, también por el Pacto. No participó en las consultas.
“Sé que va a ganar Iván Cepeda”, dice Bertha, que vive con una de sus hermanas y su hijo en un barrio popular al suroccidente de Barranquilla. No lo dice como analista política. Lo dice como quien da por hecho algo que necesita que sea verdad.
Cuando se enteró de que su fórmula vicepresidencial sería Aida Quilcué se sorprendió. “En primera instancia dije: ¿quién es esta mujer?”. Luego de investigarla un poco sintió admiración. “Ahora creo que es una mujer que puede aportarle mucho”, asegura. Pero también admite en voz baja que lo ideal hubiera sido “tal vez algún ministro”.
Quizás por eso le llamó la atención Juan Daniel Oviedo. Lo descubrió a comienzos de marzo. “Wau no había escuchado a este hombre”, recuerda que pensó. Le gustó que reconociera lo que ella considera avances del gobierno Petro, como el aumento del salario mínimo.
La campaña de Oviedo publicó varios videos que se hicieron virales durante esos días. En uno aparece caminando sobre un escenario. Lleva puesta una camisa de botones azul con el logo de su campaña —un rayo de superhéroe— y una corbata vinotinto. “A muchas personas que están haciendo campaña hoy por la Presidencia les hubiera gustado que este país estuviera en los rines, destrozado”, le dice a un público que no se ve. “Simplemente porque ellos no están gobernando”, continúa mientras suena música de terror de fondo. “Algunas cifras dan buenas noticias y las quieren negar”, grita el candidato. La música se intensifica. Entonces, llega el clímax: Oviedo pide que voten por él. “Porque se trata de hacerlo mejor, no de borrar”, remata.
Bertha reenvió uno de esos videos. Cuenta que Oviedo logró conquistar a varios de sus conocidos. “Dos o tres amigas de mi hijo, incluso su novia, votaron por él en la consulta”.
Dice que ahora no duda que Oviedo sea de derecha. Eso lo convierte automáticamente en un candidato que ella, una votante tradicional de la izquierda, no apoyaría. Su hermana se lo había advertido. “Ella me contó que él siempre había sido uribista”. Aún así, su estrategia le pareció efectiva. “Me pareció interesante lo que escuché y pues los medios… tú sabes que mueven bastante a la gente, influyen impresionantemente”.
“Me gusta el estilo de hacer política de Oviedo”
María Alejandra Lozano. 21 años. Funcionaria pública. Vive en Medellín (Antioquia).
“Lo más interesante de las consultas fue el fenómeno Oviedo”, opina María Alejandra, una politóloga que vive en un barrio popular del noroccidente de Medellín. Lo considera un hombre inteligente, que está haciendo una campaña distinta. “Me parece muy chévere como candidato”, admite. “Me gusta mucho su estilo de hacer política”.
Pero el 8 de marzo no votó por él. Los días antes de la elección se debatió entre Aníbal Gaviria y Claudia López. “Al final, tomé la decisión en la urna y voté por Claudia”. Claudia, cuenta María Alejandra, la convenció como candidata y como ser humano.
Dice que vota así: dejándose llevar más por lo que los candidatos muestran de su personalidad, que por los partidos o movimientos que dicen representar. Por ejemplo, a la Cámara votó por Néstor Restrepo, del Partido Liberal, porque lo vio haciendo campaña en veredas alejadas. Le gustó verlo “andando el territorio”. Para el Senado, apoyó al Pacto Histórico a pesar de que no suele votar por listas cerradas porque simpatiza con sus causas y aprueba su gestión en el Congreso.
María Alejandra, quien trabaja como coordinadora de política pública en la Secretaría de Juventud de la Gobernación de Antioquia, siguió la entrega de resultados electorales como si se tratara de un partido de fútbol. Lo hizo sola, en el apartamento que alquila al noroccidente de la ciudad.
Todavía no sabe a quién apoyará en la primera vuelta. Descarta a Claudia porque no le ve chances. Como candidato, Oviedo la seduce porque combina “ideas conservadoras con otras más progresistas”, pero desconfía de Paloma. “Quisiera ver la autonomía que va a tener como fórmula vicepresidencial de un partido como el Centro Democrático”, dice. Pero tiene claras sus líneas rojas: “nunca daría mi voto por discursos que animen la guerra o que nos lleven a perder el gran avance en garantías de derechos”.
Le gusta más lo que ha visto de la campaña de Sergio Fajardo. Lo percibe más cerca del “ciudadano de a pie”. Pero también conecta con Iván Cepeda por ser el candidato del Pacto. Lo ve como un candidato de izquierda abierto a dialogar con otros sectores políticos. Eso le gusta. Las fórmulas vicepresidenciales de ambos le parecen coherentes. “Posiblemente ahí esté la decisión que vaya a tomar. Al menos en la primera vuelta.”
“Fue un momento de de esperanza, de un compromiso con mi territorio”
Anyela Conrado. 29 años. Emprendedora. Vive en Buenaventura (Valle del Cauca).
Un par de semanas antes del 8 de marzo, Anyela pensaba votar por el Partido Liberal para el Senado pero al final cambió de decisión y apoyó al Pacto Histórico. Anyela es una artista que montó su propio bar y tuvo que desplazarse por amenazas hace un par de años. Siente que los partidos tradicionales ya no la representan. Que se han distanciado del pueblo. El Pacto, en cambio, le transmite esperanza. “Sentí que mi voto representaba el deseo de cambios, de más oportunidades para nuestras comunidades.
Ese día, al llegar al puesto de votación encontró una fila larga. Mientras esperaba, vio a varias personas comprando votos. La operación era sencilla: se acercaban a las mujeres jóvenes que estaban en la fila, les preguntaban por quién iban a votar y cuando ellas respondían que no sabían, les ofrecían plata. Daban $60 mil para votar por el Partido Liberal o por Cambio Radical.
Anyela se vio reflejada en algunas de las muchachas que vendieron su voto: estudiantes de universidad pública que seguramente acudieron a las urnas más motivadas por el descuento de matrícula que por cualquier otra cosa. “Cuando estaba en la universidad iba a votar así”, recuerda. “Votaba por el que mi mamá dijera. O un amigo. No tenía ese conocimiento de que si no hacemos algo por votar bien vamos a seguir viviendo así”.
Madre de un niño de cuatro años, dice que esa escena la llevó a ratificar su elección. Al ver los resultados con los que el Pacto se consolidó como la bancada más grande del Congreso se sintió ganadora.
Por eso, su candidato sigue siendo Cepeda, aunque le cause un poco de desconfianza. Dice que todavía no sabe cuál es la verdadera razón por la que quiere ser presidente. “Quizás sabemos que la motivación de Petro era la economía y dejar un país del que la gente no tendría que irse para poder alimentarse. Entonces, él hizo todo eso posible. Eso es lo que me falta descubrir de Cepeda”.
Cuando piensa en las elecciones del 31 de mayo siente “un poco de tristeza” porque marcan el fin del gobierno Petro. “Como esa tristeza de que se nos va y que llega otro nuevo representante que aún no sabemos quién es”.
“Votaría en blanco. Porque es que ninguno me llena”
Germán Marín. 53 años. Trabajador independiente. Vive en Palestina (Caldas).
Germán madrugó a votar el 8 de marzo en Santágueda, en la zona rural del municipio de Palestina. “Voté confiado por un hombre que sigo considerando importante para este país, pero consciente de que no llegaba”, dice refiriéndose a Juan Carlos Pinzón. Aquel día, al depositar los tarjetones en la urna, sintió cierta tranquilidad. “Voté animado”, recuerda. Esa es la sensación que quisiera conservar para la primera vuelta.
Pero hoy lo invade la angustia. La angustia específica de un hombre de derecha que sabe exactamente lo que no quiere —Cepeda, el petrismo, la continuidad— pero no encuentra a nadie que lo entusiasme lo suficiente para ir a votar con ganas. Por eso considera que en la primera vuelta podría hacer lo mismo que hizo hace cuatro años: votar en blanco.
Germán, que prestó el servicio militar, considera que a Paloma Valencia le sigue faltando “algo”, y que se equivocó al elegir a Oviedo como fórmula. Dice que le gusta la mujer en la política y que él mismo ha trabajado impulsando campañas de mujeres del Partido Conservador. Pero a Paloma no le ve “perrenque” para ocupar la presidencia. “Sería muy bueno contar con una mujer, pero de la seriedad de una María Ángela Holguín”, opina.
A Germán, los 3.2 millones de votos de Paloma Valencia le parecen más una expresión de apoyo para Álvaro Uribe. “Le soy sincero. No creí que fuera a ganar por tanto”, asegura. Además, considera que esa votación es un reflejo de que el país sigue polarizado entre dos extremos: quienes siguen a Uribe y quienes, por el contrario, apoyan a Petro. “Yo lo veo como un resultado del gran cariño que los colombianos le tienen al presidente Uribe”, insiste.
Aunque ve con mejores ojos a De La Espriella por su fórmula vicepresidencial todavía le cuesta imaginarse votando por él porque lo considera un populista de derecha. “El doctor José Manuel Restrepo no es tan pantallero. Piensa lo que va a decir”, dice.
A estas alturas solo está seguro de que apoyaría a la derecha en una segunda vuelta contra Iván Cepeda. “Creo que la derecha no puede ensayar candidato en la primera vuelta. Todos deben unirse a Paloma y a Abelardo, que son los más fuertes, porque con un gobierno de Cepeda… ¿A dónde iremos a parar?”.
Aura Corredor. 30 años. Contratista pública. Vive en Bogotá.
La percepción de Aura sobre Iván Cepeda no ha cambiado. El candidato, que no se midió en las pasadas consultas, le gusta porque le da la sensación de que “es una persona firme, que tiene las cosas claras”. Además, porque ha dicho que quiere “seguir con la línea política de Gustavo”.
La continuidad del gobierno actual es lo que más le importa a Aura, quien vota en el barrio Villa de los Alpes, al sur de Bogotá, y trabaja como auditora para la Adres. El 8 de marzo votó por el Pacto al Congreso, al igual que casi toda su familia. “Todos estamos del mismo lado”, dice. Juntos vieron los resultados almorzando sopa de arroz, en la casa donde Aura vive con sus papás, dos hermanas y dos sobrinos.
Lo que sí ha cambiado es su proyección de quiénes podrían llegar a una segunda vuelta. Hace un par de semanas pensaba que serían Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella. Ahora, se inclina más por Cepeda y Paloma. Por un lado, por lo obvio: la alta votación de Paloma en las consultas. Por el otro, por lo que ve en sus redes. Ya no ve tanto contenido de De La Espriella como antes. “Su campaña ha estado como muy mitigada y han cogido fuerza Iván y Paloma. Sobre todo, con su fórmula presidencial”.
Siente que no conoce tanto a Aida Quilcué, pero la defiende porque cree que hay que hacerlo. Algunos de sus conocidos sienten que Cepeda se equivocó al elegir como vicepresidenta a la senadora y lideresa del movimiento indígena del Cauca. Le han dicho que dudan de su voto por Cepeda. “Que Aida Quilcué no sea una persona políticamente expuesta 24/7, no quiere decir que no sea una persona que trabaje”, dice Aura. Lo poco que ha visto de Quilcué le ha generado confianza. “En las fotos que han publicado se ve una persona fuerte, que sabe del territorio”. Además, su elección le transmitió coherencia por parte de Cepeda.
Se imagina votando el 31 de mayo con orgullo. Para ella, ambos reflejan un poco los valores y las costumbres que le han inculcado en su casa. Sin embargo, cuando piensa siente un poco de preocupación. No confía en la Registraduría. “Esto [la democracia] al fin y al cabo es como un juego, entonces uno no puede creer que de verdad sea un juego limpio”.
“Me dio mucha emoción cuando Abelardo anunció su fórmula vicepresidencial”
