Comunistas en Palacio, por Rosa María Palacios
Cuando las instituciones se degradan, lo mismo pasa con las estrategias y los discursos. La destrucción sistemática de la institución presidencial nos trae un nuevo presidente que más allá de su delirante presentación pública luego de juramentar se ha comprometido a lo que Jerí no pudo: no hacer nada. Le ha bastado una foto con Julio Velarde, otra con el Embajador de Estados Unidos y otras tantas con ministros de un gabinete que en teoría ya se fue. “Aquí no pasa nada” es el mensaje.
¿Cómo José María Balcázar, abogado de 83 años, electo por Perú Libre, que turisteó por otras bancadas y partidos y hoy está de regreso en Perú Libre, puede ser presidente del Perú? ¿Un sujeto procesado por deudas y entusiasta promotor del matrimonio infantil? Sospecho que, luego de su delirante mensaje del miércoles pasado, donde divagó entre los tópicos más variados, desde los Tallanes incinerados por Atahualpa, hasta la masonería de Bolívar y San Martín, pasando por las citas a Mao y otras delicias parecidas, ni él mismo lo sabe. Por momentos, se extrañaba el cuento del pollo de Pedro Castillo.
Balcázar es, sin duda, un hombre de izquierda o al menos, así llegó al poder, años después de ser expectorado del sistema de justicia. Pedro Castillo colocó 37 congresistas que, en su momento inicial, sumados a los 5 aliados de Juntos por el Perú, sumaban 42 escaños de 130. Esas eran las llamadas “curules cautivas” por Cerrón que blindaron al presidente en las primeras mociones de vacancia. Pudiendo ser vacado con 87 votos, necesitas un poco más de apoyo porque, con 42........
