Déjenla trabajar y aplaudan, por René Gastelumendi
Nadie con un mínimo de rigor analítico puede negar que el paso de Pedro Castillo por el poder fue, además de un intento de golpe, un compendio de desgobierno y precariedad institucional. Un desastre. También es obvio que el pacto que vino después de su caída no corrigió el rumbo. Sin embargo, nuestra memoria cívica de todas las sangres suele operar con amnesia selectiva y aceptar coartadas convenientes. Defecto de fábrica, dice la neurología reciente, y propone al menos un pequeño esfuerzo para salir del patrón, de la cajita y hacerte cargo de ciertas cosas.
Durante años, el fujimorismo y sus bancadas aliadas ejercieron una oposición de demolición implacable, fiscalizando al milímetro cada error ajeno con el aplauso militante de su tribuna. Sin embargo, hoy que sostienen el tablero del poder y cogobiernan desde el Congreso, sus reglas del juego se han invertido: cualquier escrutinio se procesa como un sacrilegio.
Una cosa es llamar al diablo y otra verlo venir;........
