El gran troll, por Maritza Espinoza
De la catadura moral de Fernando Cerimedo ya no hay mucho que decir: un tipo que manda asesinar a su pareja embarazada (de su propio hijo) por ser un estorbo en el camino es un sociópata desde cualquier punto de vista. La justicia boliviana tiene pocas dudas, sobre todo tras encontrar, en su celular, una conversación que reza: “No digas a nadie, pero nos vendió (…) la Nadia (Beller). O la eliminamos ya o estamos jodidos. ¿Conocés a alguien que pueda hacer el trabajo?”. Hasta ahí, el grotesco guion de un thriller político pasional de medio pelo.
Pero, ¿entiende realmente la gente común la gravedad de lo que, más allá de los titulares amarillos, representaba Cerimedo en la política latinoamericana? Porque este no es un escandalete más, sino la prueba palpable de que los electores en nuestros países han sido tratados como bichos manipulables, borregos desprovistos de agencia propia, incautos a los que se podía “conducir” hacia determinadas decisiones políticas a punta de desinformación, granjas de bots y campañas de odio.
Lo confesó el propio Cerimedo, en 2023, al periodista Hugo Alconada, de La Nación de Argentina, cuando le preguntó si manejaba trolls: “Sí, un montón”, respondió. “Los generamos con máquinas, con inteligencia artificial. Contamos con operadores que dan las instrucciones........
