¡Lloren, rojetes!, por Maritza Espinoza
No sé qué está pasando conmigo, pero desde el mediodía del martes pasado he comenzado a sentir profunda repugnancia por todo lo que huela a antifujimorismo (¡vade retro, caviares!) y a comprender, por fin, las razones detrás de los actos de esa encomiable mujer llamada Keiko Fujimori, quien ese mismo día se convirtió en la dueña y señora de nuestros destinos.
No sé si habré sido poseída por el espíritu de Mumm Ra (el nombre cariñoso del recién resucitado Absalón Vásquez) o si simplemente comí demasiado lomo saltado en las fiestas patrias. Lo cierto es que hoy veo con una nueva Luz (Salgado) los acontecimientos políticos de los últimos tiempos y por fin he comenzado a pensar como pensaría cualquier fujimorista que se respete.
Ahora, por ejemplo, valoro mucho más el sacrificio de la flamante senadora Silvana Robles, tan injustamente tratada por sus colegas de partido, quien habría viciado su voto para favorecer al pacto democrático, mostrándolo así, así, de medio lao, para que no se viera la marquita por la que se le declararía nulo.
¿Se imaginan mayor abnegación? Si no fuera por ella, el Senado hubiera caído en manos de las caóticas fuerzas del comunismo. Co-mu-nis-mo, sí señor, porque, aunque Jorge Nieto jure que él es de centro derecha, jamás olvidaremos que........
