De Bukele a Pantaleón, por José Ragas
Llegó al poder de la manera en que lo hacen muchos en el país: por pura suerte. Lo que parecía impensable hasta ese momento, que el mismo Congreso que puso y mantuvo a Dina Boluarte a costa de la vida de muchos peruanos ahora había decidido deshacerse de ella. La expresidenta se había convertido en una mochila muy pesada, con un índice de aprobación menor al margen de error y que en su caída arrastraba a un desprestigiado Congreso y a la coalición que lo controla. A la menor oportunidad, la sacaron del mismo modo que ella había entrado: por medio de una vacancia.
En la pobre capacidad de análisis (y de analistas) de la coalición gobernante, se pensó que sacando a Dina las encuestas podrían reflotar y eso daría el tiempo necesario para seguir sometiendo a más instituciones y dejar arreglado el escenario electoral de abril. Se puso como presidente del Congreso a alguien del ala dura del fujimorismo y de presidente a un joven sin experiencia importante que ocupaba hasta entonces la presidencia del Congreso desde julio. Los poco más de once mil votos que obtuvo José Jerí Oré fueron suficientes para que, una carambola de suerte tras otra, termine poniéndose el fajín presidencial en octubre del año pasado.
La misión de Jerí no parecía difícil al inicio y se limitaba a un solo mandato: no ser Dina Boluarte. Adoptando un perfil más hiperactivo y ubicuo, con desplazamientos y en permanente........
