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Una fractura engañosa

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16.06.2026

En estas elecciones se ha insistido en la existencia de un país dividido, fracturado, roto. Los resultados de la segunda vuelta, en donde el ganador —muy probablemente, la ganadora— lo hará por un puñado de votos, apuntalan esa narrativa. El espejismo que empaña esta imagen hasta desfigurarla es el de una comunidad atravesada por un abismo social que la escinde en dos partes. La verdad es mucho más compleja: no es que todos los de un lado coincidan en sus convicciones ni tampoco los del otro. Lo indudable es que quien gane lo hará aglutinando a la mitad del país, mientras que el perdedor lo hará con la otra.

Sería absurdo pensar que esos dos bloques son monolíticos. La clamorosa evidencia del mal menor -pero el mal al fin, nunca hay que olvidarlo- desbarata ese relato integrador. Lo cierto es que ambos bloques son polimetálicos, para tomar una metáfora prestada de la minería. Hay de todo, como en botica. Gente democrática que optó por Fuerza Popular, asustada por los vínculos de Roberto Sánchez con Antauro Humala o el Movadef. Gente que votó con su bolsillo y se sintió más segura de sus bienes -grandes o pequeños- con la presidencia de Keiko Fujimori. Hay que abandonar la idea de que todos esos votantes de FP o JP son unos oportunistas.

No tengo una muestra como las de las encuestadoras, pero en mi consultorio he escuchado a personas decididamente........

© La República