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Las distintas caras de la informalidad, por Javier Herrera

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16.08.2026

Reducir la informalidad es, y ha sido, uno de los objetivos centrales de las políticas públicas en la última década. Según la Cuenta Satélite de la Economía Informal, publicada por el INEI, en 2023 el 18,3% del PBI fue generado por el sector informal. La tasa de informalidad ha respondido al crecimiento económico en mayor medida que a las políticas públicas, que se han mostrado inoperantes. Según la ENAHO, la tasa de informalidad urbana cayó de 74,3% en 2004 a 64,9% en 2016 (-9,5 puntos porcentuales), pero aumentó en 6,6 puntos entre 2016 y 2021. Entre 2021 y 2025, con la recuperación del crecimiento, disminuyó en 3,2 puntos (de 71,4% a 68,2%). Detrás de estas cifras agregadas hay una realidad más compleja, en la que coexisten distintos tipos de informalidad, con características y lógicas de funcionamiento diferentes.

Las distintas caras de la informalidad

Por un lado, tenemos a los trabajadores en pequeños emprendimientos individuales o en empresas de hogares no registradas ante la SUNAT. Allí coexisten empleos de sobrevivencia con emprendimientos que luchan por desarrollarse o sobrevivir, cosa que pocos logran (en promedio no sobrepasa los cinco años de existencia). Este es el segmento de negocios informales en el que muchos analistas han cifrado las esperanzas de desarrollo sobre la base de un “capitalismo popular”.

Por otro lado, tenemos el empleo informal asalariado en empresas formales, constituido por trabajadores sin contratos y sin beneficios sociales (vacaciones, seguro de salud, gratificaciones, CTS). Esta categoría ha sido generalmente puesta en el mismo saco que los informales en empresas informales, atribuyéndoles las mismas motivaciones. Un grupo importante se encuentra en la administración y en las empresas públicas. En este caso, reducir la informalidad no requiere de complicados mecanismos de........

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