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Uno por todos

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16.07.2026

La eliminación de Colombia del Mundial dejó, sin duda, frustración en algunos y, en otros, dolor o rabia. El equipo cayó ante Suiza en penales y, alrededor del resultado, reapareció una discusión que va mucho más allá del fútbol: hasta dónde debe una organización sostener a una figura por gratitud, nostalgia o afecto, incluso cuando el proyecto colectivo necesita evolucionar.

No pretendo reducir la derrota a un jugador ni desconocer lo que James Rodríguez representa para Colombia. Su historia merece respeto. Nos hizo creer, nos regaló momentos inolvidables y se convirtió en símbolo de una generación. Por eso conviene separar reconocimiento y apego. Honrar un legado no significa subordinar el futuro a la necesidad de prolongarlo.

Nos fascinan las últimas danzas porque nos permiten aplazar el duelo. Preferimos una despedida más, una temporada más, una última oportunidad, antes que aceptar que todo ciclo,........

© La República