Uno por todos
La eliminación de Colombia del Mundial dejó, sin duda, frustración en algunos y, en otros, dolor o rabia. El equipo cayó ante Suiza en penales y, alrededor del resultado, reapareció una discusión que va mucho más allá del fútbol: hasta dónde debe una organización sostener a una figura por gratitud, nostalgia o afecto, incluso cuando el proyecto colectivo necesita evolucionar.
No pretendo reducir la derrota a un jugador ni desconocer lo que James Rodríguez representa para Colombia. Su historia merece respeto. Nos hizo creer, nos regaló momentos inolvidables y se convirtió en símbolo de una generación. Por eso conviene separar reconocimiento y apego. Honrar un legado no significa subordinar el futuro a la necesidad de prolongarlo.
Nos fascinan las últimas danzas porque nos permiten aplazar el duelo. Preferimos una despedida más, una temporada más, una última oportunidad, antes que aceptar que todo ciclo,........
