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Cambio de mando sin cambio: una memoria del presente, por Cecilia Méndez

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26.07.2026

Es julio, “el mes de la patria”. El del aniversario de la independencia.  “Independencia” remite al sentido fundacional de la soberanía nacional,  pero hoy suena hueco. Porque, mientras este 28 conmemoramos un año más de que nuestros antepasados juraron “sostener y defender con su opinión, persona y propiedades, la independencia del Perú del gobierno español y de cualquiera otra dominación extranjera”,  asumirá la presidencia K. Fujimori, a quien no es fácil asociar con los valores de este juramento. El juramento de la independencia fue un ritual cívico que realizaron muchos pueblos del Perú antes de que San Martín proclamara la independencia en Lima; muchos otros pueblos lo continuaron haciendo después. Y aunque se trata de un juramento olvidado, para San Martín fue crucial:  era lo que validaba su proclama independentista, que se realizaba por “la voluntad general de los pueblos ”. Una versión del juramento pasó a ser parte de nuestra segunda Constitución republicana, la de 1834, cuyo artículo primero dice: “La nación peruana es independiente; y no puede ser patrimonio de persona o familia alguna”.   

En anteriores oportunidades he planteado (siempre fuera de moda…),  que la independencia del Perú debe entenderse como una revolución, tal como la experimentaron sus contemporáneos y artífices. Una revolución política y jurídica, radical para su tiempo y —temo decirlo— más aún para el nuestro, en que el propio término revolución no está más en el horizonte de lo pensable.  

La incongruencia entre el país (¿post?)neoliberal de hoy y el ideal de su fundación republicana no puede ser mayor. En tres décadas de neoliberalismo, el mercado desplazó a la historia como fuente de identidad colectiva y el........

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