Es viernes y el cuerpo lo sabe
En un pueblo de León donde acaban los campos y se levanta la montaña aparecieron después de la pandemia nuevos vecinos con ganas de huerto y desinterés por restaurar la casa que habían comprado. La docena de habitantes que duerme en el lugar trabaja en la ciudad, por lo que a ninguno le sorprendía cruzárselos al anochecer por la carretera en sentido opuesto. Nunca se dieron un saludo de luces. Al leonés le cuesta abrirse y los nuevos vecinos ni siquiera llamaron para entrar.
La colega que cuenta la anécdota al chófer no fuma. La plantación le servía de referencia para las visitas que........
