El dolor del fuego
El olor que dejan tras de sí las llamas que arrasan con todo a su paso permanece en el aire, aun cuando el fuego ya ha dejado de ser. La tierra carbonizada que tiñe de un manto de luto los montes y pueblos quemados se mantiene como testigo de la tragedia mucho más allá de la extinción del incendio. El miedo que se agarra al estómago de quienes tienen que huir dejando atrás toda la vida construida no se despide mansamente al llegar a lugar seguro. Las heridas y el vacío de los muertos dejan huellas permanentes de dolor y angustia en el recuerdo y en el cuerpo. La impotencia y la rabia de quienes lo arriesgan todo para atajar la catástrofe no desaparece nunca, al contrario, se agiganta en cada nueva........
