La niebla
Quienes pasaron su infancia en Ourense y ahora peinan canas, tal vez recuerden, como quien suscribe, que, hace cincuenta años, el paisaje de la ciudad presentaba un equilibrio distinto. Al retenerse el agua en la presa Velle, su evaporación constante alimentaba nubes bajas que quedaban atrapadas entre las montañas. Aquella niebla era persistente, fría y húmeda, marcando inviernos que parecían durar meses sin tregua.
El crecimiento urbanístico de las últimas décadas ha transformado la ciudad en una isla de calor. El asfalto y el hormigón absorben la radiación solar durante el día y la liberan lentamente por la noche, impidiendo que el aire se enfríe lo suficiente como para condensar la humedad. Por eso el centro de Ourense registra temperaturas mínimas más altas que en los años setenta, lo que rompe el ciclo necesario para que la niebla perdure.
La........
