España campeona y sede de la final en 2030
Ningún otro motivo une más, a efectos identitarios, que el mayor éxito mundial en el “deporte rey”. Todos con un mismo grito, una misma bandera y compartiendo la misma ilusión. La segunda estrella volvió a darnos lo que no se aprecia en los números y porcentajes de la micro y la macroeconomía: orgullo y autoestima. Ese plus de vanidad, acreditada, que nos otorga ser los mejores y que exhibirán, por ejemplo, nuestros estudiantes en los programas Erasmus, mirando un poquito por encima del hombro a sus amistades.
Un resultado final que deja a un lado sombras y dudas, desde la convocatoria donde echábamos de menos decisiones “políticamente correctas”, como encontrar un lugar entre los 26 para algún jugador del club más laureado del planeta (aunque no jugara) hasta la no titularidad de Pedri, pasando por el empate inicial ante Cabo Verde. El seleccionador Luis de la Fuente consiguió el reconocimiento y la admiración unánime porque fue capaz de armar un verdadero equipo donde todos sabían lo que tenían que hacer y lo que no debían siquiera intentar. No sólo seleccionó, también dirigió. Venció y convenció: a propios y a extraños.
Con el pitido que sellaba la final brotaron recuerdos personales de todas las competiciones internacionales que he vivido desde 1967, un año después de nuestra primera........
