La lógica torcida del neoimperialismo
Hay una idea que está de moda en los círculos de la derecha y la ultraizquierda: un mundo simplificado en tres o cuatro grandes espacios de hegemonía. Estados Unidos mandaría en las Américas, Rusia, en su “extranjero próximo”, China, en Asia-Pacífico, quizá India tendría también una zona exclusiva. Los demás países serían piezas menores, toleradas mientras no contradigan al amo de cada región. John Mearsheimer ha dado respaldo académico a esta visión. Su mal llamado “realismo” sostiene que, como las grandes potencias buscan dominar sus regiones, el equilibrio debe imponerse a los estériles proyectos liberales de multilateralismo y de un Derecho limitador de superpotencias. Aleksandr Dugin llega por otra vía —imperial y abiertamente antiliberal— a un resultado parecido: grandes bloques e identidades colectivas cerradas. Ambas doctrinas rebajan a los países pequeños o medianos. Los odian.
Pero el error empieza en el diagnóstico. Turquía no es una ficha rusa ni occidental. Irán no obedece de forma directa a Moscú. Japón, Corea del Sur y Australia pueden alterar el equilibrio regional y mundial. Polonia o los países bálticos tampoco son objetos sobre los que Washington y Moscú puedan negociar. Son, todos esos países y muchos más, sociedades con intereses........
