Cinco consejos para Péter Magyar
La derrota de Viktor Orbán merece ser celebrada sin ambages. Hungría ha desalojado por fin del poder a un régimen que, durante dieciséis años, vació la democracia desde dentro: rediseñó reglas electorales a su medida, restringió la libertad de prensa, debilitó la independencia judicial, colonizó instituciones y convirtió el Estado en una red de lealtades, propaganda y negocios. Orbán, que en 2014 reivindicó abiertamente la idea de una “democracia iliberal”, acabó pareciéndose menos a un conservador europeo que a una reencarnación posmoderna del nefasto almirante Horthy, el dictador fascista húngaro de la época de Hitler. La Hungría de Orbán vetó todo lo vetable y sirvió de laboratorio, escaparate y sobre todo financiador para la nueva ultraderecha europea y, vía España, latinoamericana. La derrota de Orbán es una buena noticia para Europa entera. Ni el respaldo de Trump ni la insólita implicación de Vance en campaña salvaron un proyecto agotado. Los húngaros han exigido salir del aislamiento, de la corrupción y de la farsa soberanista. Péter Magyar hereda un país exhausto. He aquí cinco consejos:
Primero, reconstruir la convivencia. El entramado de Orbán debe deshacerse con rapidez, porque las fuerzas residuales del orbanismo intentarán sabotear la apertura.........
