El pueblo que se llena una semana
Hay pueblos en esta provincia que durante una semana de agosto multiplican por diez su población y el resto del año caben en dos calles. La orquesta monta el escenario el viernes, el bar saca las mesas hasta el borde de la carretera, y el martes siguiente todo ha vuelto al silencio de siempre: doscientos vecinos, una tienda, misa los domingos. He visto esa escena muchas veces y todavía me impresiona la velocidad del cambio. El sábado no cabe un coche. El miércoles no pasa ninguno.
A mí, que llevo veintidós años dirigiendo una empresa, ese contraste me parece la mejor clase de gestión que se puede recibir en agosto. Porque el asunto de fondo en esos pueblos no es la fiesta. Es para qué tamaño se construye. Si se dimensiona para el sábado de la orquesta, sobra sitio once meses y medio. Si se dimensiona para el martes de noviembre, el sábado se colapsa y todo el mundo se marcha con la sensación de que aquello no funcionó.
O montamos una estructura pensada para el pico y luego pasamos el resto del año pagándola, o vamos justos siempre y cuando llega........
