Por Álvaro, por todos
Es probable que Álvaro no se acuerde de mí, pero por la mitad de la primera década de los 2000 coincidimos en el Puente. Yo era portero, aunque no tenía mucha suerte bajo los palos. Tenía reflejos, pero mi problema era que en las salidas me embargaba un tremebundo miedo y todo el mundo sabe que el miedo es el peor enemigo de los guardametas. No recuerdo a Álvaro con miedo. Sí con determinación y una sonrisa. De esas personas que, en aquella adolescencia en la que te conviertes en lo que serás mañana, mirabas con cierta veneración, porque, además de ser delantero y de los buenos, tiene un magnetismo especial que hace que las gentes siempre orbiten a su alrededor.
Hace unas semanas me topé con una de esas noticias que desearías no leer. A Álvaro le habían diagnosticado ELA y, pese a lo poco que lo conozco, es imposible que no se te arrugue el corazón. Porque cuando la bomba explota tan cerca te........
