La chica ponía canciones de Abba
Hay una frase mal atribuida al autor de "El Principito", Antoine de Saint- Exupéry, que dice así: "Él se enamoró de sus flores y no de sus raíces y en otoño no supo qué hacer". Algo en la capital presagia el fin del verano, la caída de la hoja y la reducción de las horas de día, por mucho que estacionalmente estemos en el proceso contrario. En el 2023, cuando las elecciones municipales, 18.400 ourensanos apostaron por la cigarra, no por la hormiga, y votaron como quien se casa con una flor, no con una raíz. Se marchitan las Galerías Centrales, sinónimo de una urbe con goteras.
En mi casa había maletas compradas en Barros, a la entrada por el Paseo. Mi madre era clienta de la mercería, unos cuantos matábamos las horas en la sala de juegos, mirando el escaparate de Viajes Puga viendo fotos de lugares a los que no llegaríamos ni en sueños, viendo los equipos de música y los discos del Quintairos pero, sobre todo, esperábamos inquietos a que llegase aquella chica a poner en la máquina de discos de cinco pesetas que había en el patio de la cafetería la canción Dancing Queen, de Abba. Ella sí que era una flor que entonces veía muy lejos el otoño. Hoy este personalísimo rincón de la ciudad agoniza también. Y, oh milagro, detrás está la sombra de Gonzalo Pérez Jácome, esta vez como empresario enterrador.
"No pongas tus sucias manos sobre Mozart", tituló Manuel Vicent uno de sus relatos. Sus garras como alcalde van enfundadas en el guante de seda regalado por la oposición. Exprime un Ourense en el que caen las persianas del comercio local como los párpados ceden a la somnolencia. El sector trata........
