El sacrificio de Montero
Lord Palmerston, que fue primer ministro británico en el siglo XIX, dejó para la historia una doctrina sobre las relaciones internacionales que aún perdura: «las naciones no tienen aliados eternos ni enemigos perpetuos; tienen intereses eternos y perpetuos». Tal verdad ha sido sintetizada en una cita más concreta: «en las relaciones internacionales no hay amigos, sino intereses». Pero resultaría simplificador dejar que esa enseñanza se limitase a los asuntos exteriores, porque es de igual aplicación a la política, en términos generales.
Véase el último ejemplo, personalizable en María Jesús Montero. La autodefinida «mujer más poderosa de la democracia», no ha dejado de serlo por voluntad propia, sino ajena. Porque en política no hay amigos (Pedro y María Jesús), sino intereses (los de Pedro). Y, así, Montero abandona los títulos de vicepresidenta y ministra de Hacienda para seguir siendo vicesecretaria general del PSOE y secretaria general del PSOE andaluz, con el objetivo de… ¿cuál es el objetivo?
Pedro Sánchez ha exigido a María Jesús Montero el sacrificio político máximo: ser la candidata de un partido cuya perspectiva es la de no caer más abajo de donde ya está, que es el lugar más bajo en el que nunca antes estuvo. ¿Por qué exigir a Montero esa inmolación? No parece que la respuesta sea que Sánchez pretenda eliminar a una aspirante a la sucesión porque, a pesar de ser la «mujer más poderosa de la democracia» y de acumular responsabilidades, solo Montero sería capaz de verse a sí misma en sus sueños ocupando el despacho de La Moncloa. Y si Sánchez, como él mismo ha señalado, prescinde de su mano derecha, se entiende con dificultad que lo haga para que se estrelle contra la pared del electorado andaluz, a sabiendas.
Pensemos en otra opción: que Sánchez haya enviado a Montero a Andalucía en la confianza de que pueda contener el desastre electoral con un resultado que se pueda vender como digno, pero no para que lidere la oposición en el parlamento autonómico, sino para conducirla de vuelta a Madrid después del 17 de mayo. Ante tal posibilidad, Montero ha decidido conservar su escaño en el Congreso.
