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El error de Trump

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25.03.2026

Se atribuye a Napoleón Bonaparte el consejo de «no interrumpir a tu enemigo cuando está cometiendo un error». Dramatizando la cita, algunos glosadores la han transmutado en algo aún más dramático, pero igual de efectivo: «Nunca interrumpas a tu enemigo cuando se está suicidando». Y Donald Trump corre ese riesgo. De ahí que los socios europeos (esos a los que el presidente de Estados Unidos insulta cada pocas horas) hayan optado por hacer un Pancracio, en honor al personaje de Delibes en «Los santos inocentes», caracterizado como un personaje tendente a la quietud, esperando que pasen las cosas. Dicho de otro modo, que aquello que ha de caer, caiga por su propio peso. Y Trump pesa mucho.

Antes de iniciar su proceso hacia el suicidio político con la guerra de Irán, Trump había ocupado su tiempo en amenazar con anexionarse Canadá y Groenlandia, además de amenazar a la Unión Europea y despreciar al Reino Unido, entre otros desmanes de este jaez. Para entonces, Bruselas y los socios no trumpistas (reste Hungría, Eslovaquia o Italia a los 27 países comunitarios) sufrían el miedo al vacío que provocaría una Europa abandonada por Estados Unidos, con la guerra de Ucrania sin resolver, y la amenaza rusa más presente que nunca desde el final de Guerra Fría.

Pero Trump, ensoberbecido con el poder que acumula, se sintió omnipotente, y creyó que en un suspiro terminaría con el régimen disparatado y criminal de los ayatolás. Pero el suspiro empieza a durar demasiado, y las consecuencias económicas de esta alocada aventura bélica han llegado a los surtidores de gasolina de la América profunda, que fue la que elevó a Trump a los altares del Despacho Oval.

Ahora Trump tiene prisa por poner fin a la locura, pero su colega Netanyahu no piensa soltar la presa: quiere bombardear Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra, en expresión del general americano Curtis LeMay, que abogaba por hacer eso mismo con Vietnam. Recuerden cómo terminó aquella guerra.

Ahora, Europa cree que ha encontrado la ocasión de hacer el Pancracio: sentarse a esperar, viendo como su autoproclamado enemigo lleva su error hasta el final.


© La Razón