El país de la sospecha
Si algo han dejado ver varios hechos en las últimas semanas es la velocidad con la que los acontecimientos públicos quedan atrapados en una atmósfera de sospecha. Tragedias, anuncios políticos o gestos institucionales parecen atravesar un mismo filtro: antes que profundizarse, se dudan. Como si la primera respuesta ante cualquier hecho colectivo fuera asumir que algo no es lo que parece.
Esto ocurre en un país donde la confianza interpersonal es particularmente baja; son distintos los estudios que dan cuenta de que apenas el 8 o 9 % de las y los bolivianos cree que se puede confiar en la gente. En contextos así, la confianza se resguarda para los cercanos: la familia, los amigos, el círculo íntimo. Ante los desconocidos predomina la cautela: no se confía en lo que se no se conoce.
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Para peor, la polarización política ha profundizado aún más ese fenómeno. Cuando los clivajes identitarios se vuelven intensos,........
