Pertenezco, luego existo
El fenómeno de la afición mundialista despierta muchas preguntas. Ver escenas del Paseo de la Reforma o de la Minerva retacados de fanáticos que portan la camiseta de la Selección Nacional y abarrotan las calles para festejar todos los triunfos, desde el primero hasta el más reciente, será siempre un hecho colectivo interesante y un poco enigmático.
Para empezar, se juega la ilusión de pertenencia, la sensación de formar parte de algo más grande que uno mismo a través del futbol. Aparece una comunidad simbólica de gran intensidad emocional. En Los once de la tribu, Juan Villoro escribe que “el jugador representa a los nuestros: cuando los héroes numerados saltan a la cancha, lo que está en juego ya no es un deporte. Los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del futbol. Son los nuestros”. En el mismo libro, el autor cita al etólogo Desmond Morris, quien afirmó que el........
