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Los progres se agarran a Trump y a los ayatolás

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05.03.2026

Al aparato socialcomunista-propagandista que todavía maneja los hilos en España le vino de perlas la victoria de Donald Trump en las últimas elecciones de Estados Unidos. El desembarco del neoyorquino de Queens en la Casa Blanca le ha proporcionado todo este tiempo el enemigo externo perfecto al que se aferran siempre las dictaduras bananeras para camuflar sus dislates internos y vender libremente al pueblo su falsaria idea de progresismo, que no es otra cosa que prometerle primero derechos etéreos para luego masacrarle a impuestos y gestionar por último de pena los servicios públicos financiados con lo que se le ha saqueado. El presidente de Estados Unidos parecía, desde luego, el personaje idóneo para tal maniobra de distracción tan propia de los totalitarismos por su carácter histriónico, encarnar el capitalismo más recalcitrante, ser abiertamente de derechas y declararse enemigo contumaz de los regímenes de izquierdas en Suramérica, esos que también llegaron al poder vendiendo falsos avances sociales para terminar destruyéndola más tarde. Frente al correctamente político y decepcionante Barack Obama y al anodino e insípido Joe Biden, Trump no deja desde luego indiferente a nadie y es capaz de suscitar amor y odio a partes iguales, lo que le convierte en un blanco fácil de las críticas politizadas si se manipula convenientemente antes en su contra a la opinión pública lanzando todo tipo de mensajes sesgados, con la ayuda de medios adictos al régimen.

El mandatario norteamericano es amigo de Javier Milei, otro al que se ha intentado caricaturizar por querer erradicar en Argentina el modus vivendi subvencionado y clientelista que se pretende implantar aquí. Detesta, además, al castrismo y al régimen encarnado por Nicolás Maduro en Venezuela, es imperialista y se alinea con el sionismo en su pugna contra el mundo árabe y, particularmente, contra los terroristas de Hamás, que han hecho de Palestina uno de sus campos de entrenamiento de una yihad deseosa de sembrar el terror en todo el planeta. Como en el imaginario socialcomunista español los Kirchner que empobrecieron Argentina son el modelo, las revoluciones cubana y bolivariana fueron positivas, y Hamás y Hezbolá guerrean contra la pérfida Israel, Trump se ha convertido en el enemigo a batir. El PSOE –el sucedáneo que queda de él–, los grupos de ultraizquierda que ahora tratan de reformularse para retrasar su hundimiento definitivo y la oveja descarriada de Podemos, que tiene casi más tertulianos que votantes, han vuelto estos días a sacar a pasear el fantasma del presidente norteamericano a cuenta del ataque contra Irán. En un particular ejercicio de maniqueísmo ignorante de la historia y ajeno a la realidad, Trump representa el mal y los ayatolás, el bien, pese a que el régimen de Teherán es todo menos una democracia, la población está condenada a la miseria y pasa hambre, y los derechos sociales, especialmente los de las mujeres, están mutilados. En la magnífica obra «El libro de mi destino», Parinoush Saniee describe a la perfección el tránsito del régimen corrupto que encarnaba el Sha de Persia a una teocracia islamista liderada por el clérigo Ruhollah Jomeini, que llegó a alzarse al poder con el auxilio de los comunistas. Para el socialcomunismo y el progresismo de salón, este es el régimen que debe ser preservado frente al imperialismo recalcitrante del presidente estadounidense, en lo que constituye otro insulto más a la inteligencia. En el fondo, el ataque les ha venido bien para que deje de hablarse por unos días de su descomposición.


© La Razón